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    Dentro del arsenal proselitista, electoral y de comunicación política del populismo mesiánico podemos identificar diversos elementos orientados a mantener abiertamente a la sociedad en la sumisión profunda, aletargados, pasivos e incondicionales.

    Estas técnicas, denominadas Manipulación Psicológica Oscura por algunos especialistas son usadas de manera sutil o muchas veces descarada para extender su capacidad de dominación, generando simpatías y adhesiones. Aquí algunos ejemplos:

    1) El adiós de la razón. Desterrar el pensamiento crítico, anular la capacidad de reflexión y análisis y/o minimizar el sentido lógico del discurso político entre los ciudadanos es fundamental para el mesianismo populista. La sociedad debe aceptar el dogma emitido por sus mensajeros sin cuestionarlo, sin desglosarlo y darle la espalda a la evidencia curda y realista de que se le está engañando.

    Todo debe ser emocionalmente puro; la permanente victimización, parodias, chismes, el reino de lo irrelevante y la extensión de la paranoia compartida; el manipulador explota una máscara de humildad, servicio y honestidad para tener la libertad de cometer todo tipo de atrocidades y aberraciones.

    Cercano a sus bases, el manipulador populista se confunde entre “su amado pueblo” ingresa a la parte emocional explotando sentimientos de solidaridad, lástima, pena, reciprocidad, cambia máscaras para aparentar y ganarse la confianza.

    Un supuesto salario bajo hace creer que no gana bien y que tampoco se aprovecha del puesto; creando esa fama se echa a dormir mientras bajo el colchón se acumulan los billetes.

    Bajo el disfraz de oveja, coloca a su parentela e incondicionales en la nómina, saquea el erario, se viste como oficinista mediocre, un andar aletargado, poco articulado, simple y ordinario, siempre funcionan a la hora de ganar adeptos, pues disimulan las malas intenciones.

    Chantaje, sin duda, la culpa del pasado, la amenaza latente de los enemigos del estado, nada mejor que contagiar emociones negativas. Envidia, resentimiento, mediocridad, culpa, todas son rentables electoralmente.

    2) Serpientes y escaleras. Ocultar la corrupción es costumbre, pero los mesiánicos encontraron buen resguardo sembrando y asignando toda la mala vibra en sus opositores, mientras puedan descargar la negatividad popular sobre ellos no tienen que explicar lo que pasa de su lado.

    Lo logran cuando son capaces de cambiar leyes, derruir la vida republicana, cancelar la división de poderes, destrozar las instituciones e inhibir cualquier atisbo de fiscalización, solo para llegar al ansiado autoritarismo, absolutismo y todo tipo de tentaciones políticas.

    El engaño es total, porque los ciudadanos que tratan de luchar contra las tendencias mesiánicas, rápidamente son arrojados a la cola de la serpiente, mientras que los sumisos, dependientes, porristas y cobradores de impuestos son ensalzados y premiados para subir en la escalera no importan ni sus corruptelas ni su ineptitud.

    Acusar de corrupción o de alianzas perversas a un mesiánico siempre tendrá la misma respuesta: no es cierto, yo no fui, me acusan “los malos”; es un crimen contra el pueblo, un recordatorio de que sus enemigos lo siguen acechando.

    3) Una sociedad dividida y en conflicto. El manipulador mesiánico es experto en crear confusión, provoca, enfrenta a la sociedad contra sí misma. Usa el clasismo, las etiquetas, los personajes, los calificativos, discriminación y segregación para estimular la pugna y la confrontación.

    Un país dividido es tierra fértil para la demagogia, las ocurrencias, las sandeces y las estulticias; el ejercicio de lo que debería ser un buen gobierno queda relegado, la vida se pasa de simulación en simulación.

    Si las finanzas públicas se caen a pedazos, si la deuda explota, si los baches y socavones se tragan de todo y si los problemas estructurales continúan empeorando de eso ni hablar, lo mejor es asignar la factura a otros, derrochar verborrea y jugar a ¿dónde quedó la bolita?

    4) Los apoyos sociales artificiales. El manipulador populista también se beneficia del avance del crimen y la inseguridad, la falta de empleo, la pobreza y la ignorancia, el agravamiento de los problemas sociales ya que incrementan el número de sus seguidores potenciales; la gente se rinde, las voluntades claudican y la fuerza de la disidencia se agota cuando la necesidad impera.

    Los apoyos sociales son una nómina electoral extendida y permanente que llena de recursos a las bases de apoyo y genera “aceptación y aplausos fáciles”; también puedes incluir movilizadores extranjeros que exportan el modelo de otras naciones populistas. Con este séquito de testimonios, incondicionales, seguidores a fe ciega, replicadores, el manipulador ocupa todos los espacios de la competencia política.

    Manipulación digitalizada. Mucho deben los mesiánico-populistas a las redes sociales, no solamente como mecanismos y herramientas para expandir y difundir sus contenidos y mensajes sino por todo el acervo de espionaje, inteligencia de mercado, control y acceso a información personal que les proporcionan.

    Crear, incentivar tendencias, hacer explotar las redes con contenidos aparentemente inofensivos, viralizar las emociones objetivo, contagiar ese estado de animadversión, exasperar el conflicto, exhibir a los contrarios, todo está al alcance.

    Repetir y repetir hasta que se haga verdad una consigna ya sea por cansancio, hartazgo, impotencia o porque de plano la política deje de ser importante es otro núcleo que rinde ganancias cuando se trata de manipulación política.

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