Rafael se describe como un ángel inversionista que da más que solamente un cheque, sino que le gusta estar involucrado en el proceso desde fase temprana, encontrar el mercado para el emprendimiento y tiene un enfoque muy centrado en la tecnología y en el producto, gracias a su background en ingeniería.
“Yo creo que la parte más importante de un ángel inversionista para los emprendedores es ser un embajador de esa marca o de esa empresa (…) tú tienes la labor de traer esa marca, ese producto y promocionarlo con quien sea relevante, obviamente, en donde tenga sentido y ser un embajador y representante de esa empresa en tu portafolio”, asegura.
Rafael Barroso es originario de la Ciudad de México y actualmente radica en Nueva York. Tiene siete años como ángel inversionista, dio su primer cheque antes de la pandemia y ha invertido en 42 empresas de Estados Unidos, Latinoamérica, Asia y Europa. Su enfoque está en los fundadores de comunidades subrepresentadas, como los latinos en Estados Unidos.
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Prefiere más enfocarse en el emprendedor que en el negocio. “Me gusta primero establecer una relación con el founder, conocerlo un poquito más. Yo, como ángel, no hago un Due Diligence exhaustivo como las firmas de Venture Capital (VC), pero me gusta pensar que mi Due Diligence es más al nivel del founder. Conocer su manera de pensar, evaluar su capacidad de toma de decisiones, también entender qué tanto sabe del problema que está tratando de resolver”, explica.
Barroso también resalta los desafíos que enfrenta la inversión en América Latina, como la falta de instituciones que unifiquen las ambiciones de los emprendedores y la tendencia de estos a buscar financiamiento exclusivamente en Estados Unidos. También apunta a la falta de inclusión en el ecosistema de startups, señalando que menos del 2% del VC se destina a fundadores latinos en Estados Unidos. Por ello, resalta la importancia de crear comunidades que fomenten el apoyo mutuo y la visibilidad de las historias de éxito latinas.
“Nosotros los latinos, en nuestra cultura y en nuestra educación, siempre nos han enseñado la parte de no ser presumido, ser humilde. Y yo creo que, en el mundo de Venture Capital, en realidad te perjudica un poco. No tenemos que perder nuestra cultura, pero sí tenemos que ser un poquito más vocales en cuanto a celebrar los éxitos, en no minimizar nada de lo que hacemos”, considera Rafael.
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Además, enfatiza la relevancia del apoyo emocional para los fundadores, sugiriendo que los ángeles inversionistas deben ser más accesibles y comunicativos, creando un espacio seguro para discutir no solo problemas de negocio, sino también luchas personales, lo que puede fortalecer la relación entre fundadores e inversionistas.
“Las relaciones personales son clave y van más allá de cualquier aspecto transaccional. Más allá del cheque, de si hay éxito o no en la startup, lo que queda al final son las relaciones con los fundadores y eso lleva a nuevas oportunidades.”










