Desde hace 17 años, Madeleine Grynsztejn es la Pritzker Director del Museum of Contemporary Art Chicago (MCA). Bajo su liderazgo, este recinto, uno de los museos más relevantes e innovadores del panorama artístico norteamericano, se convirtió en una de las primeras grandes instituciones del mundo cultural estadounidense en ser completamente bilingüe (español e inglés). Esto incluye la comunicación, avisos, folletos, curaduría y el largo etcétera de información que el museo ofrece a sus visitantes o potenciales visitantes.
En conversación con Forbes México, Grynsztejn explica los beneficios y razones de esta política, que ha conseguido incrementar la asistencia de visitantes al museo: “Chicago está conformada demográficamente en una proporción de 30% población blanca, 30% población afroamericana y 30% población latina. De esos sectores, el único que viene creciendo es el último. Y, además, dentro de los latinos, la población mayor es mexicana, de origen mexicano o mexicanoamericanos”. Así que, dice la directora, no se trata solo de un acto de justicia, sino de una decisión de negocios.
Esta decisión, además, viene acompañada de acciones orientadas a convertir el MCA en lo que Grynsztejn denomina espacios que incentivan la “pertenencia social”, espacios de encuentro para la comunidad. “Nos hacen falta lugares y espacios donde la división propia de nuestros tiempos pueda ser mitigada a través de la discusión, el diálogo y la empatía. Y nosotros estamos aquí para construir puentes entre los diversos puntos de vista utilizando el arte como herramienta”, explica.
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El museo ha implementado, en coordinación con el consulado mexicano de Chicago y otros consulados de países latinoamericanos, un día al mes dedicado a la familia, que incluye acceso gratuito para niños y niñas menores de 12 años y sus padres, así como talleres y juegos enfocados en la diversidad cultural de la ciudad. De acuerdo con Grynsztejn, estas iniciativas han conseguido ya aumentar la asistencia de padres y niños hispanoparlantes al museo de forma significativa.
La historia personal de Grynsztejn no es la habitual en los altos círculos del mundo del arte estadounidense y, en parte, eso explica su empeño en este tipo de iniciativas. La directora del MCA nació en Lima, Perú, hija de padres judíos, cuyos padres a su vez habían huido de la guerra en Europa. Grynsztejn creció luego en Caracas, Venezuela. Por lo que, como ella misma dice, “mi primera lengua es el español”. Posteriormente su familia se mudó a Londres, Inglaterra, donde aprendió inglés, antes de regresar a Venezuela y, finalmente, mudarse a Estados Unidos para asistir a la Universidad de Tulane, primero, y a la Universidad de Columbia después.
Ese recorrido vital se ha expresado en su forma de entender el arte y su paso por distintas instituciones, donde siempre ha impulsado artistas de diversas partes del mundo, incluyendo, por supuesto Latinoamérica. Uno de los principios rectores de su mandato como responsable del MCA, explica Grynsztejn, es lo que denomina “arte visionario”. De acuerdo con la directora, eso se traduce en que “el museo adquiere, exhibe, interpreta y acerca a la gente a una historia del arte tan abarcadora e inclusiva como nos es posible, con la intención de expandir el canon que, quizá, hasta hace unos años se encontraba extremadamente centrado en una visión euro-estadounidense”. Esa mirada debe ser “hiperlocal”, atendiendo a la comunidad que sirve, y a la vez relevante a nivel global.

Para lograrlo, dice Grynsztejn, el ejercicio de su liderazgo pasa por ser increíblemente clara acerca de su visión y en conseguir que tanto su equipo como el consejo del MCA crean, se alineen y apoyen esa visión, que busca beneficiar “a un grupo muchísimo más grande de gente, que es finalmente nuestro público”. Su trabajo principal como directora del MCA, afirma, es entender de qué forma el museo puede contribuir a la sociedad para que esa sociedad alcance sus anhelos y aspiraciones.
En ese esfuerzo por atender a las necesidades de la comunidad de Chicago y por traer a sus salas el arte más relevante de nuestros días, por ejemplo, hace 10 años el MCA presentó la primera gran retrospectiva en Estados Unidos de la conocida escultora colombiana Doris Salcedo. Entre otros artistas cuyas exposiciones han pasado por las salas del MCA en los últimos años, se encuentran la mexicana Tania Pérez Córdova y la mexicanoestadounidense Virginia Jaramillo.
Al momento de esta entrevista, el MCA cuenta con una enorme retrospectiva de la artista japonesa Yoko Ono, titulada Music of the Mind. La exposición recorre 70 años de carrera artística, consta de más de 200 piezas y estará disponible hasta finales de febrero.

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“Es una exposición muy apropiada para estos tiempos”, dice Grynsztejn, quien destaca uno de los eslóganes más conocidos de la artista “PEACE is POWER” (“La paz es poder”), frase que adorna parte de la fachada del museo. Si bien Ono es un nombre que mucha gente reconoce, explica la responsable del MCA, “seguramente mucha gente no sabe se trata de una verdadera ícono del mundo del arte”.
La artista, también conocida por su relación con el fallecido líder de The Beatles, John Lennon, fue una de las pioneras del arte interactivo. Ya en los años 60, mucho antes que otros, explica Grynsztejn, Ono estaba experimentando e invitando al público a interactuar con su obra, “a pintar en las paredes, vestir algunas piezas y caminar a través de la galería involucrándose con la obra”. Ese reconocimiento, ese poner las cosas en su lugar en la historia del arte, es una parte fundamental de la visión de Grynsztejn. “Esta exposición servirá para que la gente entienda lo importante que ha sido su trabajo”, dice.









