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    Por Giselle Ruiz Lanza*

    Este 2026, la pregunta para el liderazgo empresarial ya no es si adoptar la Inteligencia Artificial, sino cómo hacerlo con una estrategia que trascienda la experimentación y se convierta en un pilar del negocio. Durante años, la IA se trató en las empresas como una promesa a futuro, un “experimento” reservado para áreas de innovación o tecnología avanzada. Sin embargo, nos adentramos a una era en la que dejó de ser opcional y se convirtió en una decisión de estrategia que impacta directamente en la productividad, competitividad y forma en que se toman decisiones.

    De acuerdo con el estudio Intel Global Research Report 2025, elaborado por Sapio Research, el 89% de las organizaciones en México ya está considerando o se encuentra en proceso de actualizar sus activos tecnológicos hacia AI PC en su próximo ciclo de renovación, mientras que el 87% anticipa un aumento tangible en la productividad tras su adopción. 

    Hoy, la IA es central en las grandes preguntas del liderazgo empresarial: “¿cómo escalar sin perder eficiencia?, ¿cómo empoderar al talento?, ¿cómo proteger los datos?, ¿cómo competir en mercados que evolucionan en tiempo real?”

    La diferencia entre las organizaciones que liderarán esta nueva etapa y las que se quedarán atrás no está en quién “dio el primer paso”, sino en quién fue capaz de planificar con ella. Pasar del experimento a la estrategia implica asumir que la IA no funciona como un complemento, sino como un pilar del negocio que debe integrarse a la infraestructura tecnológica, a los procesos y, sobre todo, a la cultura organizacional.

    Este cambio de mentalidad se hizo evidente durante el CES 2026, el evento anual más grande de tecnología se demostró cómo la evolución de las AI PC transformará el trabajo diario. No solo influirán en la potencia, sino que la atención se centrará en la computación inteligente en el dispositivo, capaz de ejecutar cargas de IA de forma eficiente y segura, sin depender exclusivamente de la nube.

    Si la IA está pasando de prueba piloto a ventaja competitiva real, como líderes empresariales debemos hacernos la siguiente pregunta: ¿Está mi organización realmente preparada para que la IA forme parte del núcleo del negocio, y no solo del discurso?

    Responderla exige pasar del discurso a la acción y abordar al menos cuatro frentes clave. El primero es la infraestructura tecnológica, ya que la adopción de la IA requiere una base sólida. Un buen ejemplo de ello es la transición hacia las AI PC, que no es solo una actualización de equipos, sino un cambio estructural. Al permitir que tareas como el análisis de datos, la automatización de procesos, la generación de contenido o los asistentes inteligentes se ejecuten directamente en el dispositivo, las organizaciones pueden mejorar los tiempos de respuesta y reducir costos operativos.

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    El segundo frente es el talento humano. La IA no viene a sustituir a las personas, sino a potenciar sus capacidades. Sin embargo, esto solo ocurre cuando los equipos cuentan con las habilidades necesarias para trabajar con ella.  Datos de la OCDE identificaron  que más del 60% de las empresas europeas que buscaron contratar especialistas en tecnologías de la información no lograron cubrir esas vacantes, la escasez de talento se convirtió en uno de los principales frenos para la adopción efectiva de tecnologías como la inteligencia artificial.

    A esto se suma un tercer elemento crítico: la seguridad y la privacidad. El Foro Económico Mundial advirtió que los ciberataques y el uso indebido de la información siguen siendo entre los principales riesgos globales para los negocios. De hecho, de acuerdo con su Global Cybersecurity Outlook 2026 , el 73 % de los líderes empresariales a nivel global afirmó haber sido afectado directa o indirectamente por fraudes cibernéticos, mientras que el 87 % reconoció un incremento en las vulnerabilidades asociadas al uso de la inteligencia artificial. 

    En este contexto, la posibilidad de procesar modelos de IA directamente en el dispositivo —una capacidad clave destacada en el CES— ayuda a reducir la exposición de datos sensibles y a fortalecer la seguridad desde el diseño, un factor especialmente relevante para sectores altamente regulados como el financiero, el de la salud y el manufacturero.

    Finalmente, ninguna estrategia de IA es sostenible sin una base ética clara. El uso responsable, transparente y consciente de esta tecnología no es solo una cuestión reputacional, sino una condición indispensable para generar confianza entre colaboradores, clientes y socios. Organismos como la UNESCO y la Unión Europea coinciden en que la adopción de la IA debe ir acompañada de marcos éticos que garanticen la equidad, la aplicabilidad y el respeto a los derechos humanos.

    En este contexto, México se encuentra en una posición particularmente interesante: por un lado, enfrenta retos estructurales en productividad, informalidad y digitalización; por otro, cuenta con una fuerza laboral joven, adaptable y cada vez más familiarizada con la tecnología. De acuerdo con los resultados más recientes de los  Censos Económicos del INEGI, la adopción de tecnologías digitales entre las empresas medianas y grandes en México ya es una realidad extendida. Más del 90% de estas organizaciones utilizan computadoras y cuentan con acceso a internet en sus operaciones. La pregunta no es si el país puede subirse a esta ola, sino si lo hará como espectador o como protagonista.

    Hoy, en 2026, la IA no se adopta por moda, sino que se integra por visión. Se está forjando un futuro donde la Inteligencia Artificial es accesible, eficiente y segura en cada punto de la infraestructura tecnológica, desde el dispositivo hasta la nube. Pero el verdadero cambio no ocurre en el hardware ni en el software, sino en la mentalidad del liderazgo.

    Sobre la autora:

    *Gisselle Ruiz Lanza es vicepresidenta del grupo de ventas y marketing y directora general de Intel Latinoamérica

    Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

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