Por Dr. José Roberto Balmori de la Miyar*
El Gobierno de México ha sorprendido a propios y extraños con un cambio drástico en la política de comercio internacional que marcó al país durante las últimas décadas, en la llamada época neoliberal.
En una jugada poco anticipada por varios economistas, el Gobierno decidió aumentar los aranceles de más de mil productos y, simultáneamente, proponer una reforma aduanera. En este artículo, se explican dichas propuestas y los efectos económicos que se alcanzan a vislumbrar.
Respecto al alza en aranceles, la Secretaría de Economía (a través de la voz del Secretario Marcelo Ebrard) anunció la modificación de diversas fracciones arancelarias para aumentar impuestos a productos importados de países con los que México no tiene un tratado de libre comercio.
La medida impacta capítulos clave de la industria mexicana, entre los que destacan el automotriz (autopartes y autos ligeros), textil y vestido, calzado, siderúrgico, aluminio, vidrio, papel y cartón, y cosméticos. Los aranceles propuestos alcanzan niveles de hasta 50% para ciertos bienes, elevando en muchos casos el impuesto al límite permitido por la Organización Mundial del Comercio (OMC). Del mismo modo, la media arancelaria pasaría de aproximadamente 16.1% a 33.8% para productos de países como China, que representa casi el 80% de los productos afectados, Corea del Sur, que representa 10% de los productos afectados, India, Indonesia, Rusia, Tailandia y Turquía.
Por otro lado, la reforma aduanera tiene como objetivo la modernización, agilización de trámites, fortalecimiento de la recaudación fiscal y el combate a la corrupción y evasión de impuestos en las aduanas de México. Para ello, se establecen requisitos más estrictos y un proceso riguroso de selección y certificación para los agentes y agencias aduanales; se les impone a los agentes aduanales una mayor corresponsabilidad en caso de irregularidades o irregularidades en los cargamentos, junto con los funcionarios aduaneros, con el fin de cortar de raíz el margen para la corrupción, mientras que se incluyen sanciones más severas por la salida de mercancías sin cumplir con los requisitos necesarios, buscando un control más riguroso sobre lo que entra y sale del país.
La sinergia de ambas políticas públicas resultará en un aumento significativo de los ingresos hacendarios. Se proyecta un crecimiento notable en la recaudación por comercio exterior del 62%. De hecho, este enorme crecimiento parte de una base récord este año, ya que la recaudación de impuestos en las 50 aduanas de México ya experimentó un crecimiento real del 17% en los primeros ocho meses de 2025. Según la Agencia Nacional de Aduanas de México (ANAM), el monto total recaudado de enero a agosto fue de 953,754 millones de pesos.
Asimismo, esta estrategia se plantea como una política industrial activa dentro del marco del “Plan México” y el “Modelo de Desarrollo para la Prosperidad Compartida”. Dicha estrategia busca un papel activo del Estado en la economía para garantizar un crecimiento con justicia social y una menor dependencia del exterior.
Sin embargo, resta ver si esto no tendrá consecuencias negativas para los consumidores, traduciéndose en menores opciones de productos o una disminución en la calidad. Por el bien de todos, lo mejor que podría pasar es que gran parte de esa producción se mueva a México y que los consumidores mexicanos continúen teniendo acceso a buenos productos y a mejores precios. Mientras tanto, la moneda está en el aire.
Sobre el autor:
*Dr. José Roberto Balmori de la Miyar es director de los programas de licenciatura de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Anáhuac México.
Twitter: @jrbalmori
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