Enlaces rápidos

    Imagina que tienes acidez. Durante años has manejado con antiácidos, pero un día te cuesta tragar un filete sin vomitar. Tu gastroenterólogo encuentra una hernia hiatal grande, una abertura agrandada del diafragma que atrapa parte del estómago. Te envía a un cirujano, que dice que una cirugía corregirá el problema pero podría alterar tu digestión de forma permanente.

    Es la primera vez que escuchas que una cirugía podría ayudarte, y no estás seguro: ¿deberías seguir el consejo del cirujano?

    Como cirujano especializado en procedimientos especializados de esófago y estómago, suelo atender a pacientes que podrían querer buscar una segunda opinión. A menudo también me piden que dé segundas opiniones.

    Buscar una segunda opinión es un derecho del paciente, y hoy en día está ampliamente aceptado en la práctica médica. Pero también puede resultar abrumador. Puede que te preocupe ofender a tu médico o hacerle sentir que no confías en él. Y no siempre está claro si tu condición, o un tratamiento que recomienda el médico, es sencilla o más complicada. Buscar una segunda opinión también requiere tiempo y energía adicionales.

    Comprender el origen de las segundas opiniones, cómo se utilizan hoy en día y qué pasos puedes seguir para decidir si debes obtener una puede ayudarte a gestionar tu atención con más confianza.

    Una breve historia de la segunda opinión

    A principios del siglo XX, los médicos generalmente adoptaron una visión unidireccional de la relación médico-paciente, en la que poseían el conocimiento médico y la experiencia técnica y decidían qué tratamientos servían mejor a sus pacientes. Pero a principios y mediados del siglo XX, comenzó a surgir un reconocimiento creciente de los principios de derechos y autonomía del paciente junto con la base moderna de la ética médica.

    Tras las atrocidades nazis durante la Segunda Guerra Mundial, el Código de Núremberg y más tarde el Informe Belmont establecieron protecciones para los sujetos de investigación humana. Una serie de casos legales emblemáticos exigieron a los médicos discutir los riesgos y beneficios de los procedimientos quirúrgicos con sus pacientes y obtener el consentimiento informado, un término introducido en 1957.

    A medida que crecía el respeto por la autonomía del paciente, también se hacía hincapié en la defensa y el empoderamiento del paciente. En 1972, investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cornell lanzaron el primer programa conocido de segunda opinión quirúrgica. Colaborando con las compañías de seguros, se aseguraron de que los pacientes pudieran obtener una segunda consulta quirúrgica antes de cualquier procedimiento planificado. Más de 7,000 pacientes participaron en el programa en sus primeros seis años, y el 28% de ellos rechazó el plan de tratamiento original tras obtener una segunda opinión.

    Hoy en día, la mayoría de los planes de seguro, incluidos Medicare y Medicaid, ofrecen cobertura para segundas opiniones relacionadas con la atención quirúrgica, lesiones graves o enfermedades, especialmente el cáncer. Los pacientes pueden seguir siendo responsables de un porcentaje del coste, por lo que cualquiera que esté considerando una segunda opinión puede consultar los beneficios de su plan.

    El valor de una segunda opinión

    Un tipo de segunda opinión iniciada por los médicos cuando la requieren las compañías de seguros o los protocolos hospitalarios se denomina segunda opinión obligatoria. Se observa más frecuentemente en el cuidado oncológico, donde médicos de algunos hospitales más pequeños colaboran rutinariamente con especialistas de centros nacionales de cáncer más grandes en una amplia gama de cuestiones, desde confirmar un diagnóstico hasta seleccionar los medicamentos adecuados.

    Por ejemplo, las segundas opiniones rutinarias que confirmaron los hallazgos de la biopsia resultaron en cambios importantes en el diagnóstico en aproximadamente el 7.5% de los pacientes, según mostró un estudio. Otros estudios encontraron que este tipo de segunda opinión cambiaba la interpretación de las pruebas de imagen o revocaba una decisión sobre someterse a cirugía, aproximadamente un tercio de las veces.

    Los pacientes, en cambio, pueden tener motivos diferentes para solicitar una segunda opinión. Por ejemplo, puede que quieran buscar un médico con más experiencia en su estado de salud, o alguien que comunique de una manera que les resulte más clara. Los pacientes también pueden buscar una segunda opinión si experimentan síntomas difíciles de encajar en un diagnóstico claro.

    Te puede interesar: Secretaría de Salud asegura que el riesgo de ébola en Méxixo es ‘muy bajo’

    A veces, un paciente con complicaciones o malos resultados de un tratamiento previo puede necesitar orientación. O, si un médico recomienda un plan de acción invasivo, con alto riesgo de efectos secundarios o que pueda afectar a la calidad de vida a largo plazo, una segunda opinión puede aumentar la confianza del paciente en ese tratamiento o ofrecer una alternativa.

    Cuando los pacientes buscan una segunda opinión sobre un diagnóstico de cáncer, realizan cambios importantes en su plan de tratamiento en hasta el 42% de los casos, según un estudio. Para problemas más comunes como fatiga o dolor abdominal, una segunda opinión puede dar lugar a un nuevo diagnóstico solo en el 10% de las veces, pero el 70% de los pacientes recibe consejos que les resultan útiles.

    No está claro si los pacientes que obtienen una segunda opinión tienen más probabilidades de completar un tratamiento concreto, pero obtener otra perspectiva suele hacer que los pacientes se sientan más satisfechos, seguros e informados en su atención.

    Consejos para afrontar una segunda opinión

    Espero que saber lo empoderadoras que pueden ser las segundas opiniones tanto para pacientes como para los clínicos pueda ayudarte a sentirte menos culpable o incómodo al pedir una. Aquí tienes algunos pasos proactivos que puedes tomar para ayudarte a decidir si buscar una segunda opinión, y para agilizar el proceso si lo haces.

    Planifica con antelación. Contacta con tu compañía de seguros con antelación, si es posible, incluso antes de tu primera visita para hablar de tu preocupación. La aseguradora puede informarte sobre tu cobertura para cualquier atención especializada que puedas necesitar y si una segunda opinión estaría cubierta por tu póliza.

    Ven preparado para maximizar tu cita. Antes de tu primera visita, piensa bien cómo vas a tomar notas. Llevar a un amigo o familiar de confianza a la cita puede facilitar esto. Empieza una lista continua de preguntas que puedas actualizar a medida que se te ocurran.

    Esto puede ayudarte a centrar tus preocupaciones y aprovechar al máximo el tiempo que pasas con el primer profesional. Si decides buscar una segunda opinión, esta documentación también puede definir puntos clave que quizá quieras que se aclaren o confirmen.

    Valora tu confianza con la experiencia del profesional inicial respecto a tus síntomas o condición. Algunas preguntas que podrías hacer incluyen: ¿Es este un diagnóstico raro o común? ¿Mis síntomas son habituales? ¿Es este un procedimiento o tratamiento que suelen realizar profesionales con formación especial? ¿Con qué frecuencia realizas este procedimiento o tratas esta enfermedad? ¿Con qué frecuencia se trata a los pacientes con mi condición en vuestro hospital?

    Pregunta si el proveedor tiene información impresa, estudios de investigación o páginas web fiables que puedan compartir para reforzar tu conversación.

    Si tienes un diagnóstico raro, síntomas inusuales o ves a un profesional que no trata tu condición con frecuencia, una segunda opinión puede mejorar tu atención.

    Piensa en la calidad de la comunicación entre profesional y paciente. ¿Respondieron todas tus preguntas? ¿La visita se sintió apresurada? ¿Tu proveedor era buen oyente? Si la visita no fue suficiente, ya sea en términos de tiempo o comunicación, una segunda opinión puede ayudarte a sentirte escuchado y comprendido, y desmitificar los puntos de confusión.

    Por otro lado, si la conversación fue clara y te dejó segura de tu cuidado, pero aún así te sentirías más cómoda con otra perspectiva, puedes ser honesta con el médico al respecto. Proporcionar feedback a tu médico inicial suele ser útil para mantener una relación positiva y de confianza. Muchos pacientes optan por volver a su primer clínico tras explorar otras opciones.

    Aclara el plazo para obtener una segunda opinión. Pregunta al profesional que veas inicialmente si el diagnóstico o tratamiento recomendado es urgente o urgente. Algunos tratamientos médicos y quirúrgicos deben programarse con semanas o meses de antelación, mientras que otros son más flexibles. Confirmar este plazo ayuda a tu médico a planificar con antelación, pero lo más importante es a determinar cuánto tiempo tienes para considerar tus alternativas sin retrasar el tratamiento necesario.

    *Danielle Friedman es Profesora Adjunta de Cirugía en la Universidad Quinnipiac.

    Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation/Reuters

    Síguenos en Google Noticias para mantenerte siempre informado