*Por Jorge Llaguno
Las organizaciones ya no operan en burbujas; están inmersas en un entorno social que se polariza a gran velocidad, amplificado por las cámaras de eco de las redes sociales. Esta fragmentación, penetra las estructuras corporativas y amenaza uno de los pilares más críticos de la dirección: la objetividad en la toma de decisiones.
Para un líder, entrenar la objetividad no es solo un valor ético, sino una ventaja estratégica fundamental.
Nuestra percepción de la realidad dista mucho de ser una recepción transparente. Desde un punto de vista psicológico y directivo, los humanos procesamos y almacenamos la información a través de “matrices” mentales construidas a lo largo del tiempo. Estas matrices actúan como filtros, permitiendo que solo cierta información calce con nuestra visión del mundo. El resultado es una realidad sesgada, donde el líder y su equipo pueden estar basando decisiones cruciales en una interpretación interna, en lugar de en los hechos externos.
Este sesgo se manifiesta cuando los equipos de liderazgo, o incluso la cultura corporativa, minimizan o ignoran información que contradice sus creencias o estrategias preestablecidas. Si la información no gusta, se interpreta diferente, lo que lleva a un comportamiento empresarial que se autojustifica en lugar de corregir el rumbo.
El mayor obstáculo para la objetividad es la disonancia cognitiva. Este es un síndrome mental en el que el cerebro busca desesperadamente la conformidad entre lo que percibe como real y lo que ya ha construido en su cabeza. En el ámbito del management, esto se traduce en una peligrosa tendencia: el CEO o el directivo prefiere conformar la realidad a lo que piensa, antes que al revés.
Cuando se toma una decisión de inversión, se lanza un producto o se contrata a un ejecutivo, y los resultados iniciales son negativos, la disonancia cognitiva impulsa a justificar el error. Se minimizan los elementos que señalan el fracaso, se culpa a factores externos o se reinterpretaron los datos hasta que la conclusión encaje con la decisión original. Por ejemplo, si se comete un error grave en la selección de personal, la respuesta natural puede ser “justificar mi razonamiento hasta encontrar una forma”de exculpar el proceso de toma de decisiones.
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Esta práctica paraliza la capacidad de aprendizaje y adaptación de la empresa. En un entorno polarizado donde la gente está dispuesta a destruir, acallar, eliminar o correr antes que debatir, la empresa corre el riesgo de volverse autoritaria y rígida, perdiendo contacto con el mercado y la verdad operativa.
El líder estratégico debe actuar como un agente antídoto contra la disonancia cognitiva y la polarización. Esto requiere acciones deliberadas para fomentar el pensamiento crítico y el debate abierto:
Fomentar el Free Speech corporativo: Al igual que una universidad debe fomentar el pensamiento crítico trayendo personas con ideas polémicas a debatir, el líder debe crear espacios seguros donde las ideas polémicas o contrarias a la línea oficial de la directiva puedan ser debatidas abiertamente. Esto obliga a los equipos a fundamentar sus argumentos.
Buscar la verdad a través del análisis crítico: La objetividad se entrena con un análisis frío y profundo de la realidad, y el líder es quien establece la norma. Debe promoverse el cuestionamiento constante de las premisas, separando los hechos de las filiaciones o los sesgos emocionales.
Valorar la identidad por encima del poder: Cuando el debate en una organización baja de nivel y se convierte en una pugna por el poder en lugar de la búsqueda de la verdad, se detiene la construcción social y comienza la deconstrucción. El líder debe recordar que la verdad es uno de los elementos en los que se construye la persona.
La objetividad directiva se ha consolidado como la principal ventaja competitiva en la era de la polarización. Los líderes que fallan en entrenar su objetividad y la de sus equipos, permitiendo que la disonancia cognitiva anide, están condenando a su organización a la “descomposición social”.
Solo al priorizar la búsqueda de la verdad y al defender el discurso libre y el análisis crítico, el liderazgo podrá navegar las complejidades del siglo XXI y garantizar la viabilidad a largo plazo de su empresa. Atentar contra la verdad es atentar contra la identidad y la persona, y, por extensión, contra la identidad y el futuro de la organización.
Sobre el autor:
*Jorge Llaguno es profesor de Factor Humano y Análisis de Decisiones, IPADE Business School.
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.
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