Hace 22 años, Carlos Rodríguez se mudó de San Luis Potosí a la Ciudad de México tras terminar de estudiar la carrera de Diseño Gráfico en su estado natal. En su primer día de trabajo fue despedido, ya que era “muy lento” para utilizar los programas de cómputo. Sin embargo, el mundo del arte le tenía reservada una sorpresa futura.
“Diría que soy una persona muy curiosa y que, de repente, soy muy clavado cuando algo me obsesiona. Entonces, creo que la pintura y la cerámica se volvieron esa forma de sintetizar esa curiosidad […] y se simplifica en la pintura o la escultura”, dice en entrevista Carlos Rodríguez, ceramista y pintor, quien desde niño disfrutaba dibujar sin imaginar su futuro como artista.
Rodríguez estudió la carrera de Diseño Gráfico en la Universidad de San Luis Potosí. Su historia estuvo marcada por la transición del mundo análogo al digital, así como la irrupción de las computadoras en el mercado. Un cambio significativo en los procesos creativos de toda una generación.
Durante una década, dedicó su vida al mundo de la publicidad dentro de la dirección de arte. “Fue muy emocionante trabajar en todo el tema en las agencias, [pues] aprendí bastante. Y justo eso me dio las herramientas para entender que en el momento que quisiera, por el boom de las redes sociales, podía, no sé, vender algo si yo quisiera… pues entendía cómo funciona este de los posteos, las métricas, los alcances”, relata.
Fue así como, antes de pintar de manera formal, creó una línea de camisetas, calzones, stickers de los personajes que habitan sus creaciones actuales, las cuales se promocionaban y comercializaban por los canales de internet.

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En el periodo más álgido de la pandemia de Covid-19 (de 2020-2023), sus primeros óleos comenzaron a llamar la atención de sus seguidores en la red social Instagram y recibió la invitación para exponer su obra en una primera exhibición en Estados Unidos, además, vio el interés de curadores en Europa por adquirir sus creaciones, como sucedió con el cantante y compositor inglés Sam Smith.
Su obra explora la figura masculina, principalmente, a través de cerámicas, dibujos y pinturas. En el último lustro, su creación artística ha sido exhibida en galerías de Nueva York, París, Los Ángeles, Hong Kong, Sao Paulo y Dubai.
Las ilustraciones de Carlos sorprenden al espectador con las figuras de hombres regordetes, con bello en su cuerpo y cara, con un calzoncillo atrevido, que muestran su pasión por el mundo en posiciones sensuales que invitan a descubrir el amor por lo masculino y la ternura por un perrito que acompaña a su dueño.
Las creaciones que realiza forman parte de un universo variado. “Creo que sí es una especie de multiverso, en donde, a lo mejor, la base puedo ser yo o un amigo o mi pareja o alguien de un recuerdo, un amante o lo que sea, pero creo que lo aparece es en donde yo encuentro diversión y satisfacciones, ya que justo no no trato de encasillar […] a veces pienso que los artistas buscamos hacer una y otra vez la misma pintura, pienso que, por ejemplo, los personajes habitan, de repente, en la selva, o, de repente, todo en las montañas”, explica el artista desde su estudio en la Ciudad de México, en medio de un aroma a pan recién horneado, que proviene de una panadería cercana.
En este momento de su vida, Carlos es conquistado por la curiosidad y la búsqueda de artistas, como ha sido de aquéllos que pertenecen a la corriente abstracta, ya que también comienza a llamar su atención, para enriquecer su multiverso.
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“Me emociona tener esa posibilidad de no casarme con un estilo o no casarme con un tipo de definición. Algo que es muy lindo es que, pese a que los personajes cambian y mi obra, como te mencionaba, de ser algo más inclinado a la caricatura, ha evolucionado algo más pictórico… la gente lo sigue reconociendo”, asegura.
La emoción actual del artista también radica en conocer a nuevas personas y las diferentes visiones que le pueden ofrecer acerca del mundo, así como el permitirse viajar a distintas partes del mundo para conectar con los espectadores.
“Y creo que la gente debería de darse el tiempo de hacer pausas y no solo seguir cosas, ¿sabes? […] darme tiempo de entender lo que estoy viendo, lo que estoy escuchando y, sobre todo, compartirlo”, dice el creador mexicano.
En la familia de Carlos no hay un pasado dedicado totalmente al arte, pero su vida actual le hace sentirse afortunado y privilegiado por ser un artista que crece con su propia obra y reconocer que sus creaciones son una forma de conectar con un mundo diverso. Dos décadas después de llegar a la Ciudad de México, la vida emociona a Rodríguez entre cuadros y dibujos de hombres amorosos que le acompañan alrededor suyo.









