Hay voces que se elevan cada vez más fuerte a favor de la autenticidad. Y es que, en momentos en los que la tecnología avanza en forma tan vertiginosa parece que no tuviéramos tiempo para reflexionar sobre el gran impacto que la piratería ha tenido en todos los ámbitos de la vida humana. En la actualidad, la facilidad para producir y reproducir nos lleva a preguntarnos si una idea pierde su originalidad, su valor creativo y se pierde el rastro directo de su creador. Copiar y pegar.
Y, por supuesto que nos pasma ver la multitud de copias —algunas mal hechas y otras casi tan parecidas a la original— que existen en el mercado y en todo lugar. Calcas que no agregan valor alguno, que no dejan una huella y cuyo atributo es lo efímero. Son reproducciones que no pasarán la huella del tiempo pero que están ahí ocupando un lugar. Es en este momento en el que tenemos que detenernos a pensar qué queda después de que alguien se apropió de una idea ajena, la hizo suya y la transformó en algo más. Algunos dirán con mucha razón que eso es la innovación. Pero en otros casos, se trata de una copia burda de un modelo auténtico y que se vende a precios más bajos.
Es preciso tener mucho cuidado. El mercado de la copia es muy lucrativo, resulta un buen negocio. Sin embargo, no es igual. No es lo mismo contemplar la Mona Lisa de Leonardo que mirarla en un calendario. Algunas veces, nos justificamos o preferimos disimular. Dejamos de ver la diferencia. Copiar es carecer de ese pensamiento creativo que te lleva a generar, a mejorar. Innovar es agregar valor. Innovar es ir más allá de imitar, de cambiar el color, modificar el tamaño, o hacer transformaciones que no suman. Innovar es atestiguar el sorprendente crecimiento de una solución, la flexibilidad de los conceptos que nos llevan a abarcar más cancha, la precisión con la que se aborda una necesidad. Es introducir ideas y costumbres que garantizan cambios hondos y mejoras profundas.
Cuando Karl Marx emprendió el análisis de los modos de producción capitalista, dichos procedimientos estaban en sus inicios. Marx orientó su proyecto de tal manera que adquirió un valor y logró hacer un pronóstico. Pero no copió, pegó y criticó. Más bien, profundizó y llegó hasta las relaciones fundamentales del capitalismo. Expuso la forma que revelarían lo que, desde su perspectiva, cabría esperar de la creciente explotación del proletariado. Esta mirada crítica, detonó movimientos sociales en todo el globo terráqueo.
Más allá de si estamos o no de acuerdo con los postulados marxistas, lo que logró fue una transformación de la superestructura fue esa mirada auténtica que llevó a los cambios en las condiciones de producción que calarían hondo en todos los ámbitos de la cultura. En virtud de su propia naturaleza, la idea siempre ha sido reproducible. Lo que una mente creativa ha generado puede ser copiado por otra mente que puede ser superior y generará innovación o por una mente inferior y producirá un plagio. Sin embargo, la originalidad prevalece y la mejora se nota.
No toda copia es mala. Los niños repiten a sus maestros. Los alumnos para ejercitarse reproducen las lecciones aprendidas en clase. Queda clara la diferencia, un alumno aprende al repetir y asimila el aprendizaje. El que copia olvida. En los años lejanos de la Antigua Grecia, la reproducción era una técnica. Los bronces, las terracotas, las monedas se podían producir en serie. Hoy, muchos de los productos que se lanzan al mercado siguen esta misma filosofía.
Entre tantas posibilidades que hay de copiar y pegar en ámbitos académicos, profesionales, de negocios, da miedo que el pensamiento creativo termine asfixiado y la capacidad crítica vaya perdiendo brillo. Aunque, es preciso decirlo, la autenticidad destaca en cualquier ámbito. Se distingue de lo que es falso. Y, tarde o temprano, es preferida.
La originalidad es un diferenciador clave, es el sustento de la ventaja competitiva. La originalidad:
– Destaca entre la multitud: En un mercado saturado, ser original permite sobresalir y captar la atención del público objetivo. Cuando se ofrece algo único y diferente, se conviertes en una opción más atractiva para los consumidores.
– Crea una identidad de marca fuerte: La originalidad ayuda a construir una marca distintiva y memorable. Cuando los productos o servicios son percibidos como únicos, generan una conexión emocional con los clientes y fortaleces la lealtad a tu marca.
– Genera interés y curiosidad: Lo nuevo y lo diferente siempre despiertan la curiosidad de las personas. La originalidad permite encender interés y conversación alrededor de una marca, lo que puede traducirse en un mayor alcance y visibilidad.
– La originalidad como motor de innovación ya que fomenta la creatividad. La búsqueda de la originalidad impulsa a las empresas a ser más creativas e innovadoras. Al desafiar el status quo, se abren nuevas posibilidades y se encuentran soluciones innovadoras a los problemas.
– Adaptación al cambio: El mercado es dinámico y está en constante evolución. La originalidad te permite adaptarte rápidamente a los cambios y anticiparte a las tendencias del mercado.
– Ventaja competitiva sostenible: La innovación constante y la originalidad son la clave para mantener una ventaja competitiva a largo plazo. Al seguir siendo originales, te mantienes un paso por delante de la competencia.
Es por eso que hoy, hay voces que se elevan cada vez más fuerte a favor de la autenticidad. Y es que, en momentos en los que la tecnología avanza en forma tan vertiginosa parece que no tuviéramos tiempo para reflexionar sobre el gran impacto que la piratería ha tenido en todos los ámbitos de la vida humana. En fin, la originalidad se nota, genera prestigio, solidez; la copia, no.
Por ello es que la originalidad es la piedra fundacional de la ventaja competitiva.
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