Que levante la mano quien ya no quiera que le digan que debería ahorrar más. Todos lo sabemos: sería ideal gastar menos, comer más saludable, dormir mejor. En el caso del retiro, quienes no tenemos una pensión garantizada estamos hartos de escuchar que “deberíamos estar pensando en el futuro”.
Por eso, hoy quiero hablar de algo más útil: Quién realmente necesita preocuparse y quién no, porque la situación no es la misma para todos los mexicanos.
Quienes comenzamos a cotizar a la seguridad social después de julio de 1997 estamos en el régimen de la Ley 97, diseñado para otorgar pensiones según el ahorro acumulado a lo largo de los años. Ese ahorro crece e invierte a través de tu AFORE generando rendimientos para que, al llegar a la edad de retiro, tengas lo más posible.
Durante años, el sistema lanzó una alerta: ahorrábamos muy poco y para colmo, la mayoría no permanece el tiempo suficiente en un empleo formal para hacer contribuciones significativas o alcanzar las garantías mínimas de pensión.
La buena noticia es que en 2020 se aprobó una reforma que incrementó gradualmente las aportaciones patronales a tu cuenta. También se redujo el número de semanas de cotización necesarias para acceder a una pensión mínima garantizada —a partir de 2030 serán 1,000 semanas, equivalentes a 20 años de trabajo formal—.
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Luego, en 2024, se creó el Fondo de Pensiones para el Bienestar, pensado para quienes cotizaron muchos años antes de la última reforma y acumularon un ahorro insuficiente. Este fondo complementa la pensión de quienes, al jubilarse, no alcancen un ingreso equivalente a su último salario, siempre que éste sea inferior a 17,885 pesos mensuales en 2026 —monto que se actualiza anualmente por inflación—.
En resumen: quienes ganan menos de 17,000 pesos al mes, mantienen un empleo formal estable y acumulan las semanas necesarias, están razonablemente cubiertos. Con las garantías disponibles y la pensión universal, podrían incluso recibir en el retiro un ingreso mayor al que tuvieron durante su vida laboral. El ahorro adicional siempre suma, pero para estas familias el margen es menor y las prioridades del gasto cotidiano son reales.
El verdadero reto es para quienes no tendrán acceso a esas garantías. Este grupo no es pequeño, por ello vale la pena saber si estás en alguna de estas situaciones:
1) Trabajadores independientes sin cotización al IMSS
Si trabajas por cuenta propia y no cotizas a la seguridad social —independientemente de si pagas impuestos—, no estás generando ahorro obligatorio ni acumulando semanas. Sin ahorro propio, tu retiro dependerá de seguir trabajando, de la pensión universal y del apoyo familiar.
Recuerda que “Contante y Sonante” es la sección de opinión de +Dinero. Puedes leerla aquí
2) Personas con ingresos superiores a 17,000 pesos que cotizaron muchos años antes de la reforma
Tu ahorro acumulado probablemente no alcanzará para una pensión cercana a tu último salario. Es momento de actuar: destina una cantidad fija y constante a tu ahorro. Entra al simulador de pensión de tu AFORE —tienen buenas herramientas— para saber exactamente cómo vas.
3) Mujeres y personas que se ausentaron del mercado laboral por cuidados familiares
Los periodos largos fuera del empleo formal se traducen directamente en menos semanas cotizadas y menos ahorro acumulado. Si este es tu caso, tu brecha puede ser significativa.
Si te identificas con alguno de estos perfiles, este es el momento de trazar un plan. No para hacer lo que “deberías” hacer, sino porque conocer tu situación real es el primer paso para tomar decisiones informadas sobre tu futuro.
María de las Nieves Lanzagorta es vicepresidenta de vinculación en Amafore, Asociación Mexicana de AFORES, especialista en educación financiera, comunicación, estrategia personal y de negocio. También es una madre que trabaja dentro y fuera de casa.
Twitter @marinievesl
Linkedin: Mari Nieves Lanzagorta
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