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    Especialistas e investigadores advierten sobre lo complicado que es sobrellevar este ritmo y su consecuente auge de enfermedades colaterales y sentimientos encontrados. Enojo, frustración, dolor y la escasez de estímulos positivos ponen a prueba nuestra resistencia, temperamento, madurez y autocontrol permanentemente.

    Las empresas tienen que lidiar con grandes retos para retener, mantener y conservar sus recursos humanos en optimas condiciones. Alta volatilidad, poca lealtad, conflictos internos escalables, falta de coordinación, equipos deficientes, discriminación, acoso, calificación deficiente, agotamiento, ausentismo, desmotivación, la lista es larga y compleja.

    Aunque las causas son múltiples, un factor común parece ser la incapacidad para manejar las emociones individuales y las de grupo. Los entornos laborales colapsan cuando individualismo, rechazo, rencillas, distracciones, resentimiento, complejos o aislamiento imperan y no encuentran salida, atenuadores o soluciones.

    La explosividad de las redes sociales también tiene una gran influencia sobre la forma en que el contexto laboral se ve sometido a presiones exteriores que se fijan en la personalidad e identidad de lXs trabajadorXs afectando su desempeño.

    Mas allá de los distractores y el fomento de estilos de vida, percepciones, tendencias, opiniones, el mundo digital crea a su vez, modelos, roles, arquetipos, los que se trasladan a una nueva especie de escala social que -aunque se contradiga con la realidad neta- termina traslapándose y creando nuevas áreas de conflicto.

    Es decir, la realidad digital suele chocar con las jerarquías, estructuras, liderazgo y carácter concretas. Respeto, colaboración, integración, disciplina son pasadas por alto o son subordinadas a lo viral; concretamente: dejo de poner atención a mi trabajo dando prioridad a lo que interesa difundir en mis redes sociales y me preocupa más encajar con mis seguidores que con mi equipo de trabajo.

    Nuevamente, la incapacidad para manejar las emociones vuelve a escena, mucho más cuando la existencia digital se vuelve predominante y resulta una verdadera adicción.

    Pérdidas millonarias, servicio deficiente, mal servicio a clientes, inestabilidad, baja productividad, accidentes, omisiones, errores, pérdida de mercado; se agregan a lo que hemos mencionado líneas arriba.

    No existe una receta singular ni duradera para paliar con la dimensión del problema, pero si algunos mecanismos de control que podrían coadyuvar a fortalecer la resiliencia emocional.

    1. Un orden estructural

    Lo primero es saber distinguir la realidad (realista, objetiva, concreta, constante, material, existencial) de lo virtual (digital, aparente, simulado, construido, figurado, imaginado).

    Esto que parecería ser sentido común es la abstracción fundamental que más se ha perdido: los individuos parecen no reconocerse más, cesaron su existencia natural y simplemente viven en el multiverso paralelo que les ofrecen sus redes sociales.

    Han creado un avatar, un reflejo, una fantasía y una autopercepción que se adecua a su perspectiva digital, pero que muchas veces esta totalmente alejada de su cruda cotidianidad.

    Desde lo básico, nada que ver con su peso, estatura, rasgos, complexión y por supuesto estado de ánimo, aficiones, gustos e ingresos; es una ficción creada exprofeso que los ilumina pero que en el día a día está muy lejos de lo que son verdaderamente son, sienten, hacen y expresan.

    La consecuencia es un efecto adictivo y sedante que cuando termina colapsando saca a la luz, emociones contenidas, disfrazadas y pospuestas que hacen reventar a cualquiera.

    2. La búsqueda de la identidad

    Todos los días experimentas cosas nuevas, es una oportunidad, un desafío, una aventura, las posibilidades son infinitas.

    Las redes sociales dan la oportunidad de construir esa “identidad” muchas veces copiando detalles, pistas, trazos de otrXs, armando un rompecabezas muchas veces contradictorio, eclético, superficial, banal, negativo, superfluo, acomodaticio, elusivo, entonces nunca se llega al todo sino simplemente a un arreglo de piezas que terminan presentando choques emocionales recurrentes (es decir casi casi terminas conflictuado hasta contigo mismo porque no te reconoces ni sabes cómo reaccionaras).

    3. Acumulación, reincidencia, sobre exposición

    Ser resiliente es priorizar, ordenar, nivelar, administrar, no las cosas que te pasan, pero si la forma en como reaccionas ante ellas y como las manejas.  

    Si no estas preparado, las RRSS saben como manipular tus reacciones, de tal forma que de pronto puedes sentirte aisladX, devaluadX, alegre, intensX, agresivX, hostigadX, sensible, depresivX, aceleradX, a veces incluso todo al mismo tiempo o moverte entre esos estados de ánimo de un instante a otro.

    Mantener un personaje digital requiere de no saturarse, saber distinguir el contacto virtual de la calidez humana. Tal como los actores o líderes los usuarios de RRSS se sobrexponen y desgastan, es muy complicado mantener un nivel de rating siempre en la cumbre, perder seguidores se convierte en signo de baja estima, preocupación, desanimo, ansiedad.

    No te claves, estos son los terrenos de las agresiones, el canal de desahogo de otrXs que suelen estar peor que tú y que no tienen ni vida, motivados por el resentimiento, la envidia, la frustración, las carencias personales, cierra el canal de entrada a esa negatividad.

    Entre más terreno les concedas mucho mayor es el riesgo de que termines enrolladX en desgastes emocionales sin sentido, sin valor y sin ninguna ganancia, explicaciones, justificaciones, excusas, disculpas se otorgan de acuerdo a quien las merece. Respira, controla, mimetiza, procesa, elabora, valora, descarta.

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