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    En julio de 2015, fui invitado por Forbes para escribir sobre ‘La reinvención del capitalismo’ (el brief del editor era “haz un análisis de las principales características del sistema de negocios en una década”), un momento donde yo también comenzaba ese capitulo crucial que pasa en la vida profesional de muchos: cerrar negocio (de investigación de tendencias), cambiar oficio (para trabajar en innovación y foresight) y reaprender para reinventar (regresando a la universidad).

    La nota hablaba sobre cómo la tecnología sería ubicua, discerniente y masiva con la llegada de la Inteligencia Artificial y el Internet de las Cosas cambiando la manera de producir y decidir. Las empresas entrarían en un gran proceso de reinvención dejando de parecer personas para convertirse en algoritmos, el rol de las ciudades emergentes, la necesidad de repensar lo humano en un sistema que avanzaría exponencialmente ya sin Estados Unidos como regente… ¿Suena familiar?

    No sabía entonces que ese texto sería algo más que mi primer ejercicio de Prospectiva fuera de la confidencialidad corporativa… fue sin planificar el primer gesto de un compromiso que me ha acompañado por una década donde hoy, julio de 2025, me encuentro de nuevo cerrando negocio, cambiando de oficio, y reaprendiendo para reinventar… ante lo coyuntural e histórico del momento que vivimos.

    Y acá tenemos una reflexión contundente: así como los ciclos macro-micro económicos duran entre cinco y siete años determinando el crecimiento / decrecimiento / transformación de una entidad participando de un sistema (persona, negocio) es posible pensar en ciclos de una década que cumplen una función estructural más profunda:

    Paul Geroski en ‘The Evolution of New Markets’ (otro de esos libros imprescindibles) propone que los grandes cambios tecnológicos y organizacionales ocurren en ciclos largos, conocidos como “grandes oleadas de desarrollo” (techno-economic paradigms), donde una nueva tecnología madura, impacta el sistema productivo, y obliga a individuos e instituciones a transformarse.

    Más filosófico puede verse como manifestación del “eterno retorno” que Friedrich Nietzsche profesaba: la necesidad (o condena) de revivir lo aprendido, de cerrar y abrir ciclos, no como repetición, sino como oportunidad de re-significación.

    Lección: Mientras los ciclos cortos siguen el modelo ‘expansión – crisis – recesión – recuperación’, los ciclos de una década resignifican la esencia de un negocio. No es solo adaptación táctica, es una transformación estructural. Lo curioso (y poético) es que muchos terminan regresando al origen, a su propósito inicial, pero desde un nuevo nivel de conciencia, con otros lenguajes, tecnologías y retos.

    Algunos casos…

    Apple en 2015, dependía del iPhone, que representaba el 63% de sus ingresos, mientras sus servicios apenas despegaban. En 2025, el iPhone baja al 48%, los servicios superan el 25%, y el Apple Watch se posiciona como emblema de sostenibilidad con 75% menos emisiones por unidad. Su plataforma Apple Intelligence, integrada en todos los dispositivos, abre una nueva era de personalización basada en IA.

    Tesla hace una década entregaba 50,000 autos y era una apuesta de nicho. En 2025, supera el millón de vehículos vendidos al año, expande fábricas globalmente y lanza un robot doméstico por 30,000 dólares. Su sistema combina movilidad, automatización del hogar y predicción energética, todo soportado por inteligencia artificial en tiempo real.

    Microsoft valía 340 mil millones de dólares y migraba a la nube con Office 365 en 2015. Hoy supera los 3.2 billones, lidera con sus copilotos de IA en Word, Excel y Teams, y más de 150 millones de dispositivos los usan activamente. Su alianza con OpenAI redefine su identidad: ya no vende software, sino acompañamiento cognitivo.

    Amazon en 2015, rompía récords con 100 millones de productos enviados en un solo día. Hoy despacha más de 5 mil millones al año, con AWS, Prime Video y Alexa representando el 56% de su valor operativo.

    Meta tenía 1.5 mil millones de usuarios en 2015 y un foco en desktop. En 2025, WhatsApp y Reels superan en ingresos al feed tradicional. Meta ha invertido más de 50 mil millones de dólares en realidad virtual y modelos propios de lenguaje como LLaMA 3, hoy integrados en su nuevo asistente universal.

    Google en 2015, era sinónimo de búsqueda y anuncios por clic. En 2025, gestiona 260 mil millones en inversión publicitaria global y opera con Gemini, su infraestructura de IA transversal en Search, Gmail, Android y YouTube. La IA ya no es herramienta: es la arquitectura del sistema Google.

    Netflix, tenía 69 millones de suscriptores y un modelo sin anuncios hace una década. En 2025, supera los 270 millones y más del 30% de sus ingresos provienen de publicidad. Aplica IA a naming, trailers, análisis de audiencias y decisiones creativas. Reinventó el entretenimiento dos veces en diez años.

    Coca-Cola en 2015, crecía desde productos tradicionales y escala geográfica. Hoy, el 40% de su crecimiento neto viene de hidratación avanzada y funcionalidad. Usa IA para detectar tendencias, crear fórmulas y lanzar productos adaptados a más de 15 mercados en tiempo real, manteniendo su identidad icónica.

    LVMH era sinónimo de lujo clásico y baja digitalización. En 2025, ha invertido más de 600 millones de dólares en tecnologías creativas, usa IA en diseño de colecciones, blockchain para trazabilidad y experiencias inmersivas. Su unidad Watches & Jewelry creció 138% en la década, integrando lo virtual sin perder lo artesanal.

    Unilever en 2015, posicionaba a Dove como marca con propósito, sin soporte técnico de escala. En 2025, relanza Real Beauty Redefined con IA entrenada en 12 millones de imágenes realistas, gana 20 Leones en Cannes y eleva el brand equity de Personal Care en 18%. La IA permitió amplificar un mensaje humano.

    Podría parecer una lista de éxitos, pero en realidad es una lista de mutaciones. De péndulos que no retroceden. De empresas que entendieron que el tiempo ya no avanza en línea recta, sino en espiral, porque el 90% de las empresas no llegan a cumplir diez años y sólo una de cada diez marcas lanzadas en 2015 sigue siendo relevante hoy, de acuerdo con Kantar. En un mundo que premia la velocidad, la permanencia es subversiva. La permanencia es un gesto de sentido.

    Porque sí: se puede comenzar como investigador de tendencias y terminar como voz influyente en innovación global, inteligencia artificial y estrategia. Sí: se puede reinventar una carrera. Sí: se puede tomar distancia de lo cómodo y apostar por el salto. Y sí: vale la pena atravesar una década con preguntas nuevas.

    Hay que siempre estar dispuesto a dar ese gran salto, como las ranas en el bosque tropical, que al sentir las aguas calentarse, brincan sorprendentemente hacia un ‘nuevo mundo’.

    Siempre bajo una perspectiva basada en la curiosidad y humildad que implica aprender y desaprender. Porque si algo he entendido escribiendo estos diez años para Forbes es que las ideas, tendencias, y mentalidades regresan. Y si uno sabe escucharlas, muestran por dónde seguir caminando.

    Por eso sigo escribiendo. Gracias a todos ustedes por seguir leyendo.

    Ps. Por supuesto Forbes también se ha transformado y vivido este ciclo en la última década… hoy, diez años después de aquel primer artículo, quien fuera mi primer editor en 2015, Jonathan Torres, regresa a liderar la visión editorial en América Latina. El mismo editor. El ‘full circle’ no es una metáfora, es una verdad viva.

    Sobre el autor:

    *Luis Chacón es consultor global de negocios; enfocado en consumo masivo, estrategia competitiva, innovación, y prospectiva.

     Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

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