Por Luis Preciado*
En la actualidad, las organizaciones enfrentan un entorno más complejo y dinámico, en el cual el común denominador es la incertidumbre. La interacción entre factores económicos, sociales, ambientales y tecnológicos exige nuevas formas de liderazgo y de toma de decisiones, pues ya no basta con reaccionar: es necesario anticiparse, adaptarse y transformarse.
La complejidad como constante
La creciente interdependencia de los mercados expone a las empresas a riesgos derivados de factores geopolíticos, regulatorios, tecnológicos y ambientales. De acuerdo con el estudio Riesgos en México y Centroamérica 2025, las compañías destacan como principales riesgos a corto plazo los cambios en el entorno geopolítico actual, la imposición de aranceles a importaciones del exterior (75% en ambos casos) y la inseguridad y falta de Estado de derecho (69%), mientras que a largo plazo señalan el rezago en innovación y transformación digital (52%), los cambios en las tendencias de consumo y la escasez de insumos clave (45% en ambos casos) como prioritarios.
Ante esta realidad, la gestión inteligente de la complejidad se convierte en una capacidad crítica. Las organizaciones deben contar con estructuras ágiles de gobernanza, análisis y procesos que les permitan tomar decisiones rápidas, pero fundamentadas. Al respecto, 60% de las empresas en México ya cuentan con procesos integrales de gestión de riesgos, reflejando la relevancia estratégica de este tema.
El riesgo como oportunidad
En un contexto de prevención y gestión proactiva, el riesgo, tradicionalmente concebido como amenaza, se revela bajo otra perspectiva: la de oportunidad estratégica. Cada riesgo contiene información sobre vulnerabilidades, pero también sobre áreas donde se puede innovar, diferenciar o incluso liderar.
Te puede interesar: Más liderazgo, menos horas: el verdadero reto de la productividad en México
Por ejemplo, un riesgo climático impulsa la transición hacia modelos de negocio más resilientes y sostenibles. Este tipo de amenazas pueden motivar a las compañías agroindustriales a adoptar prácticas sostenibles que fortalezcan su resiliencia.
Por otro lado, un riesgo de ciberseguridad puede fortalecer las capacidades de la organización en sus procesos tecnológicos, al tiempo que habilita la digitalización segura de procesos. En la industria financiera y tecnológica, este tipo de amenaza puede acelerar la adopción de soluciones avanzadas de protección digital y generar confianza entre los usuarios.
Por su parte, un riesgo reputacional se convierte en oportunidad para fortalecer la transparencia y la confianza con partes interesadas (clientes, inversionistas y sociedad). Empresas de la industria alimentaria, por ejemplo, pueden convertir este tipo de amenaza en una oportunidad que les permita reforzar sus estándares de calidad y comunicación con el público.
Finalmente, un riesgo regulatorio abre la puerta a construir ventajas competitivas mediante el cumplimento anticipado y buenas prácticas en la adopción de estándares superiores a los exigidos. Compañías tecnológicas, por ejemplo, pueden beneficiarse al anticipar regulaciones, posicionándose como referentes de la industria.
En resumen, transformar el riesgo en oportunidad requiere un enfoque dual: defensivo, para proteger el negocio, y proactivo, para identificar y capitalizar áreas de innovación.
Sobre el autor:
*Luis Preciado es Socio Líder de Risk Advisory Solutions de KPMG México
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.
Sigue la información sobre los negocios y la actualidad en Forbes México










