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    El núcleo de los contenidos y mecanismos de manipulación que ofrece este método aprovecha la capacidad de “difundir, compartir, contagiar, explotar y transmitir” estados emocionales básicos, primitivos, sensacionalistas para manipular, confundir y captar simpatías y seguidores. 

    Tanto orientaciones positivas como negativas circulan en la selección de las tendencias a desarrollar e incrustar entre la ciudadanía sensaciones, orientaciones, opiniones, incidencias, materiales que concreten, fijen y expandan el impacto del discurso central populista.

    La comunicación digital es un canal muy redituable debido a su capacidad de insertar, compartir, priorizar y potencializar los mensajes e ideas en la percepción popular. 

    Mientras que los medios tradicionales son cada vez menos relevantes, las RRS y los neo liderazgos de influencia ofrecen riqueza de expresiones, capacidad para simular, disfrazar y circular en tiempo real, noticias, trascendidos, chismes, conversaciones, ideologías, concepciones y posicionamientos. 

    El papel de zalameros, plumas dóciles y serviles, con cuestionamientos a modo, visitas sorpresa, contenidos virales siempre es una palanca de apoyo para extender y servir de “colchón” suave y terso buscando la salida fácil, tranquila, tersa.   

    Tradicionalmente la propaganda “explota” las reacciones, el corto plazo y la emocionalidad sin reflexión. Un programa de TV, películas, series, la prensa y los medios han sido usados para divulgar “incrustaciones, simulaciones, desviaciones, ataques, denostaciones de los adversarios, refuerzos” de los mensajes, discurso y contenido populista.

    Actualmente tales materiales se consolidan mediante modelos diseñados para que la población comparta la intensidad y sentido emotivo del mesianismo populista. Por ejemplo: 

    • La culpa siempre será de otros. La polarización de la sociedad es resultado de mantener un bombardeo permanente de una división injusta donde siempre hay oprimidos y opresores, la descarga de las responsabilidades, la justificación del fracaso, la mediocridad y la falta de preparación pueden ahora focalizarse en otro grupo social. 

    Los regímenes populistas minan y revuelven el “ahí están los responsables” de los problemas del país, nunca admitirán lo que dejan, no saben o no pueden hacer. Pasar la factura al pasado para evadir la necesidad del presente siempre ira acompañado de esa ansiedad de desquite, de arrebato, excusa y descargo.

    Lee más: Populismo simulación

    Las frases incendiarias son ahora hechas casi por rebote es “indignante, vergonzoso, injusto”, día tras día, repetirlo, saturarlo, ahogar y mantener el dedo flamígero de la critica y fiscalización apuntando para otro lado. 

    • El equilibrio de la balanza. Ante la injusticia, ahí está el mesías para devolver a los muchos, lo apropiado por los pocos. Cada apoyo, tarjeta o beca debe ser considerado un “avance”, un quitar a alguien lo que le pertenece al pueblo. una defensa a ultranza, devoción y entrega de “redentores” con lo que pueden comprar y reclutar voluntades, así como votos al por mayor.

    Una revancha manufacturada desde el gobierno. El reparto de los panes y los peces, se consolida el milagro y la promesa ofrecida de la vuelta al paraíso, se hace “justicia”. Los empresarios, los ricos, los especuladores ganan menos; las “autoridades” salen más baratas (quien nada hace, mucho menos merece), no hay medicinas, la educación va a la baja, servicios públicos deficientes, los problemas siguen y se postergan, pero cuando depositan “el apoyo” es lo que cuenta.   

    •  Devoción y halago eterno. En el populismo mesiánico el “pueblo” debe sentirse arropado, cobijado, apapachado, sostenido, protegido por su gobierno. El romance del siglo donde la alabanza es parte del dogma cotidiano, todo por el pueblo en un sacrificio máximo, una entrega absoluta de renunciación a los “privilegios” solo por servir.

    Derroche de humildad, pasión llevada al extremo de la serenata eterna, revolcones demagógicos y retóricos cuasi poéticos. En contramedida, encuestas de “popularidad” infladas, abrazos, reconocimientos, porras, “premios” fantasma pagados, menciones de famosos y el ciclo va de retorno con conciertos, espacios, esas menciones mediáticas simuladas y subrepticias.

    Un disfraz de sencillez, un ser ordinario, autentico, una máscara de ligereza, un personaje de calle, chistes y sonrisas que causan una pausa silenciosa “hasta que alguien recuerda que hay que aplaudir o carcajearse”. El mesianismo alimenta esos recuadros de viveza, alegoría, fantasía, celebración de algo que no ocurre ni trasciende en los hechos, pero vive en esa “sensación, percepción, engaño, decepción””.

    •       Las amenazas fantasmas. Declarar el dualismo de la política, donde unos son “buenos” y se apropian, acaparan y concentra exclusivamente ese lado de la arena. Mantener vigente y encendida la llama del desquite, envidia, resentimiento, escándalo y sensacionalismo produce esa paranoia colectiva de que los “enemigos” están a la vuelta de la esquina y que si no se alcanzan resultados es porque siguen obstaculizando la “labor” mesiánica.  

    Maniqueísmo, división, confrontación, la sociedad pierde democracia, se le arrebatan las instituciones y mecanismos de defensa, copada, acorralada, lejana, no le quedan espacios de queja, balance, fiscalización, transparencia, pues todo atisbo de ellos significa estar del lado de los “antinacionalistas” “intervencionistas” o “malinchistas”. 

    Por si fuera poco, satanizar, exorcizar, desterrar, marginar, acusar y señalar a todos aquellos que osen poner en duda la “bondad” populista. Paranoia, hipocondría, trastornos de la personalidad, estrés, ansiedad, depresión, soledad emocional política. 

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