El objetivo central del populismo mesiánico es adjudicarse y abrogarse como exclusividad de “virtudes” y “bondades” sobre las que -una vez fijas en el consciente colectivo- pueda ganar posiciones en el gobierno y beneficiarse sin límites de la empatía y percepción de la ciudadanía.
El arsenal retórico y demagógico de ese modelo incluye todo tipo de simulaciones, trucos, engaños, verdades a medias, confusión, palabrería, distractores, saturación, acoso, manipulación, desviaciones, contradicciones, burlas, escarnio, provocaciones, autoelogios, sumisión, testimoniales, dependencia, asignación de culpas y negación absoluta.
La “vida y realidad” digitales coadyuvan a que por todas latitudes y niveles de desarrollo se consoliden cada vez con mayor frecuencia y recurrencia las “versiones” de personajes políticos y gobiernos que adoptan ciertas características comunes:
1) La demolición de la Democracia. No tendrás otro líder más que a mí, ese parafraseo es la oscura y cruda realidad del mesianismo. Claro, este líder promete y hace todo en nombre de la democracia para el pueblo.
En los hechos, es todo lo contrario, se demuelen, reprimen, cancelan y extinguen los mecanismos e instituciones de control, fiscalización, acceso a la justicia, crítica, debate político, equilibrio de poderes, legalidad, rendición de cuentas, transparencia y seguridad al alcance de la sociedad. Autocracia incuestionable.
De ciencia, desarrollo, tecnología, educación, nada, ni hablar, son obra de los malignos. La escuela y otros sistemas de formación solo deben servir para reclutar, influir, consolidar una sociedad acrítica, dependiente y sumisa.
Quien ose cuestionar las decisiones, denuncie fallas o exhiba a algún mesiánico pagará las consecuencias; todo el aparato de comunicación y presión política le caerá encima de la mano de los “defensores zalameros” (que incluyen medios y bots incondicionales) no hay espacio para contradecir la “suprema y serenísima voluntad”.
2) Sacrificio y redención. LXs mesiánicXs pasan una gran parte de su día “recordándole” a la gente que han dejado todo por ofrendarse a si mismos, se arrojaron a la pira de la política para servir al “pueblo”.
El disfraz es obvio, bajo una máscara de austeridad, humildad e inocencia pueden ocultarse todos los vicios, escándalos, cinismo, incongruencias, derroche, excesos, corrupción y complicidades. Nunca se habían hecho las cosas como ahora, de ese pasado vergonzoso no queda nada, todo ha cambiado “milagrosamente”, subrayan.
Mecanismos obvios de auto-victimización y flagelación que sirven como recordatorio diario para ganar simpatías, reconocimiento y lealtad. Truco de manipulación para que te sientas agradecidX y reconfortadX para que no te atrevas a cuestionar su bondad y no tengas de otra sino corresponder.
La proyección de un gobierno protector reditúa en una percepción a medias, pero sobre todo permite ejercer un control incuestionable, hasta asimilar y tolerar el maltrato, la falta de resultados y desinformación predominantes.
3) Agresión pasivo-agresiva. Todo lo malo tiene origen en los adversarios, todo es culpa del pasado. Hay que reprocharles y achacarles todo, un demonio siempre es útil porque demuestra que el mal existe y ayuda a evadir la responsabilidad propia.
Denostando, censurando, señalando, recriminando y etiquetando a los ajenos se elude la responsabilidad de los males y defectos de lXs mesiánicXs. Nadie puede dudar de que incompetencia e ineptitud son justificadas cuando se hace todo por el “pueblo”.
El paraíso político ha llegado, todos los errores paran en las finanzas públicas, pero nadie puede verlos por que no hay controles, nadie puede demandar porque la justicia solo actúa de un lado, los responsables de ejercerla solo se cruzan de brazos, cometen graves errores y no pasará nada, ningún corrupto será castigado.
Ese es el sistema populista, si alguien cae en la tentación es culpa de los “demonios”, habrá que protegerlX, premiarlX y quitarle el peso de la culpa, que haga su penitencia mientras se enfría la cosa. Una sanción es admitir que nada ha cambiado, darle la razón en que el sistema no funciona y que ya no queda de donde sacar recursos.
4) Propaganda tóxica. El discurso es justificativo repetirlo todos los días aburre, satura, agobia, desalienta la crítica, reduce el pensamiento progresista e innovador, extenúa, cansa, reprime la racionalidad, promueve el conformismo, sumisión y dependencia, desvirtúa la lógica y el sentido común esa es la misión y visión populista.
Una mezcla de adoctrinamiento, polarización, proselitismo, confrontación, división, radicalización, extremismo, quejas, confusión, crispación, angustias, reclamos; la proyección de revanchas, envidias, complejos y traumas; la reescritura de la historia y la relatoría de los milagros (inexistentes) integran el guion eterno y repetitivo para saturar el espacio mediático.
Exaltar “logros” a medias, inventar historias, distractores, controversias, crear sus propios franeleros y segundones de comedia, así como un costoso y enorme aparato e infraestructura en redes sociales son elementos clave y líneas de acción de la comunicación política mesiánico-populista. Todo a cambio de lealtad incondicional y ciega.
Sin embargo, el discurso tóxico no puede siempre ocultar lo que se vive todos los días, deficiencias en salud, educación, adiós al sueño de la vivienda, inversiones seguras, desarrollo, aumento de precios en los productos básicos, falta de insumos, endeudamiento, desempleo, desesperación, ansiedad, stress, violencia.
Excesos y trucos con los que se pretende inflar y sostener la popularidad de un régimen, aunque no tenga rumbo, profesionalismo, seriedad, alineamiento, congruencia ni priorización en la toma de decisiones.
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