El propósito de la vida es encontrar tu don. El sentido de la vida es regalarlo. – Pablo Picasso
Sabemos que un líder debe de inspirar a su equipo, dar dirección y mantenerlo motivado para lograr objetivos y alcanzar las metas. Pero, ¿qué es aquello que mantiene a un líder motivado? Más allá de la pregunta de perogrullo de si un líder nace o se hace, vale la pena reflexionar en torno a los elementos que conforman la inspiración de un líder.
Tal vez, las tradiciones ancestrales nos puedan dar una respuesta. En las prácticas de yoga, los maestros al iniciar la sesión, establecen una intención —conocida en sánscrito como Sankalpa— para transformar la sesión de un simple ejercicio físico a una práctica de autoconocimiento. El vocablo viene del sanscrito y significa: intención, propósito firme, resolución.
Un líder que inspira, es un líder inspirado. En la filosofía del yoga, esto se relaciona con el concepto de Īśvarapraṇidhāna, que es la entrega o el compromiso de dedicar tus acciones a algo más elevado. Se trata de entender que nuestra actividad, nuestras tareas cotidianas forman parte de una cadena cuya unión de eslabones tendrá mayor relevancia que si estuvieramos aislados. Para ello, debemos de elevar la mirada y darnos cuenta de que no somos una pequeña plantita, sino parte de un bosque.
Claro que un líder que inspira debe mantenerse inspirado y eso no siempre es fácil. La vida profesional y personal nos presenta retos a diario y en muchas ocasiones el día a día, la velocidad de los sucesos, la aceleración social nos llevan a perder enfoque y, tristemente, extraviamos el propósito.
Un líder que ya no recuerda cuál es la fuente de su inspiración corre el riesgo de ir dando palos al aire, golpes de ciego y en ese extravío puede apartarse de sus objetivos, olvidar aquello que le llena de alegría y entusiasmo. Cuando esto sucede, el efecto negativo es como una ficha de dominó que cae y arrastra a las demás. El tedio, el desinterés, la desilusión, la confusión son contagiosas. La inspiración, también.
Como en el yoga, establecer un propósito —Sankalpa— tiene varias funciones clave:
- Enfoque mental: El propósito nos sirve como un ancla. Si en el día a día la mente se distrae, en una negociación difícil, en una junta aburrida, puedes volver a esa propósito para recuperar la calma y la concentración.
- Trabajo interior: El propósito nos lleva a fijar objetivos y perseguir metas. Esto nos separa del ego y evita que perdamos la atención. Impide que nos estemos comparando en forma innecesaria con otros o nos forcemos a lastimar el negocio. Esta concentración y enfoque viene del trabajo interior que da un significado emocional o espiritual a tus movimientos diarios.
- Coherencia directiva: Un propósito bien definido ayuda al líder a darle un sentido lógico y un hilo conductor a las acciones diarias. Así como un maestro de lloga sabe el tipo de respiración y la meditación que se elegirán para la clase, el líder sabrá como mantenerse inspirado para inspirar a su equipo de trabajo.
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La inspiración de un líder no siempre brota de manera natural, muchas veces hay que trabajarla. La inspiración debe sortear obstáculos en el camino, saltar piedras que nos hagan tropezar como la angustia, el estrés, el aburrimiento, el sinsentido que nos pueden embargar, nos sacan del camino y nos alejan de nuestras metas.
Es fácil olvidar por qué hacemos las cosas y caer en el hastío. De pronto, ese trabajo tan deseado y por el que nos esforzamos tanto en conseguir ya nos empalaga, la alegría se transforma en cansancio y la ilusión en desinterés. Nos empieza a ganar el fastidio y lo peor de todo es que ni nos enteramos cómo sucedió esa transformación y cómo fue que en vez de estar inspirados ahora jorobamos la postura y dejamos que nos gane el bostezo. Directores que no duermen porque están súper estresados, proyectos que causan indiferencia, equipos pesimistas, falta de cooperación son síntomas de que nuestra inspiración se quedó atorada, olvidada en un cajón, adormilada en un rincón.
No hay nada más maravilloso que levantarse de la cama con la ilusión de ir a hacer aquello que nos lleva a la plenitud. El filósofo Leonardo Polo sostiene que eso se logra cuando ponemos nuestro don en acción. El don es un regalo con el que venimos equipados desde el día de nuestro nacimiento y tiene dos características: es gratuito y genera felicidad. La alegría del don se da cuando lo descubrimos, lo ponemos en acción y lo donamos.
El don de Octavio Paz era la palabra, el de Frida Kahlo era la pintura, el de Mozart era la música, su arte sigue inspirando. El don de Steve Jobs fue la trascendencia estética y la creación de valor; el de Elon Musk es la audacia que tiene para resolver problemas radicales; el de Jeff Bezos la innovación centrada en el servicio al cliente. Para Polo, el verdadero líder es quien ofrece algo valioso que enriquece la vida de los demás.
Esto nos lleva a otro nivel de trascendencia: lugar de estar guiados únicamente por el beneficio económico, los líderes inspirados destacan por su capacidad de donación, liderazgo trascendente y visión de futuro. La inspiración de un líder no se contrapone con el fin último de los negocios que es generar utilidades, todo lo contrario, lo afianza.
Así, la inspiración de un líder sirve como vehículo en tiempos difíciles. Nos mantiene enfocados, nos ayuda a reforzar el trabajo interior y nos da coherencia directiva. Pablo Ruiz Picasso, gran transformador de la pintura en el siglo XX dijo con toda razón que El propósito de la vida es encontrar tu don. El sentido de la vida es regalarlo. Así, el estrés se invierte en esperanza, el aburrimiento se acaba; el cansancio no nos aleja de nuestras metas y el pesimismo no nos paraliza.
Y, como decía el gran Aristóteles, no hay que hacer difíciles las cosas que pueden ser fáciles. Se trata de saber qué es aquello que nos inspira y nos lleva a la plenitud, aquello que desencadena nuestra creatividad y nos lleva a potenciar nuestra mejor versión. Eso nos mantiene inspirados y nos ayuda a inspirar a nuestros equipos. Esa es la labor de un líder.
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