En un mercado global que se mueve cada vez más hacia soluciones terapéuticas fundamentadas en evidencia científica, México sigue rezagado. Esta vez, la oportunidad desaprovechada apunta al tratamiento de enfermedades inflamatorias del intestino (EII) mediante cannabis medicinal.
Un estudio reciente en Crohn’s & Colitis 360, financiado por el gobierno de Estados Unidos, concluye que cannabis y cannabidiol (CBD) brindan alivio significativo a pacientes con EII, colitis ulcerosa y enfermedad de Crohn, reportando mejorías en síntoma clave como dolor abdominal, diarrea, fatiga, apetito, sueño y salud mental: más del 60% de los participantes reportó avances clínicos relevantes.
En México se estima que actualmente entre 40 mil y 160 mil personas padecen EII, aunque las cifras oficiales no están sistematizadas, y la enfermedad impone una carga significativa tanto para los pacientes como para el sistema de salud.
En 2015, el sistema público atendió aproximadamente a 5 mil mujeres y 4.9 mil hombres con Crohn, y 17 mil mujeres y 15.9 mil hombres con colitis ulcerosa, con hospitalizaciones y muertes que siguen incrementándose.
Aunque en América Latina las tasas de incidencia se estiman entre 1 y 1.5 casos por cada 100,000 habitantes por año, el panorama muestra una tendencia al alza en México. Un estudio más reciente, EPIMEX (2000–2017), revela que las manifestaciones extraintestinales (articulares, dermatológicas, hepáticas, etc.) afectan al 26–27% de los adultos con CUCI o Crohn, y hasta al 47% en pacientes pediátricos.
Los síntomas, diarrea crónica, pérdida de peso, dolor abdominal, fatiga, afectan de forma significativa la calidad de vida; muchos tardan entre 1 y 5 años en recibir un diagnóstico correcto, lo que agrava complicaciones médicas y emocionales.
Este padecimiento impacta en etapas productivas: aproximadamente la mitad de los pacientes ve condicionada su actividad laboral, el 20% rechaza oportunidades de empleo, y cerca del 15% pierde su trabajo en algún momento.
En México, donde más de 60 mil personas conviven con EII según estimaciones del IMSS, la falta de regulación efectiva limita el acceso a tratamientos alternativos seguros. Quienes buscan alivio recurren a vías informales sin supervisión médica ni garantía en calidad. Es un mercado con una demanda clara, insatisfecha, y en pleno crecimiento.
El CBD y el THC actúan sobre el sistema endocannabinoide, regulador natural del sistema digestivo e inmunológico, modulando inflamación y dolor de forma efectiva. Estos mecanismos están demostrados en decenas de estudios clínicos y experiencias médico-paciente tanto en Estados Unidos como en Europa. En cambio, las terapias convencionales, anti-TNF, inmunosupresores, biológicos, son costosas, no siempre eficaces y pueden generar efectos secundarios importantes.
Con clima adecuado, infraestructura agrícola, capacidades científicas y un tejido empresarial robusto, México podría convertirse en líder en producción y desarrollo de cannabis medicinal. Un cultivo legal, regulado y orientado al bienestar público representaría beneficios económicos, ambientales y de salud.
La ciencia y los pacientes han hecho ya su parte: es hora de que el Estado mexicano responda. Es necesario legislar con visión, establecer reglas claras, invertir en investigación clínica y permitir un acceso legal, seguro y equitativo al cannabis medicinal. No se trata de improvisar una industria, sino de construirla con responsabilidad social y evidencia científica.
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