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    En México, como en la mayor parte del mundo, el cannabis ha sido objeto de una prohibición implacable que persiste desde hace casi un siglo. Sin embargo, el alcohol disfruta de plena aceptación social y libre comercio. Ese doble discurso no solo es obsoleto, sino perjudicial: las estadísticas y los avances científicos comienzan a dejarlo al descubierto.

    El alcohol es causa del 15 % de las muertes anuales en México, según datos del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) de enero de 2025: más de 42,000 personas fallecen cada año por enfermedades ligadas al alcohol, como cirrosis, síndromes fetales y trastornos mentales.

    A nivel de accidente vial, el 70 % de las muertes entre conductores son atribuibles al alcohol. Adicionalmente, el 19.1 % de los adultos reporta consumos excesivos en el último mes (con picos del 40 % en doce meses), y el 20.6 % de los adolescentes ingiere alcohol al menos una vez al año. En paralelo, la OMS cifra en 7.2 litros anuales per cápita el consumo en México, similar al promedio de la región. Las implicaciones no son menores: el alcohol es responsable de gran parte de la carga de enfermedad y discapacidad en adultos jóvenes, y su efecto desigual ataca más fuerte a los segmentos más vulnerables.

    A diferencia del alcohol, el cannabis presenta un perfil de riesgo considerablemente menor. No se asocia a intoxicación aguda fatal. Incluso si existen daños, por ejemplo, cardiovascular o riesgo de dependencia, en general son menos letales que los del alcohol.

    Pero el cannabis va más allá del menor daño: investigaciones recientes revelan que componentes como el cannabidiol (CBD) podrían ser herramientas para combatir el consumo nocivo de alcohol. Un estudio en ratones de la Universidad de Sídney, demostró que la administración de CBD redujo significativamente los episodios de ingesta excesiva de alcohol, sin efectos sedantes en la locomoción.

    En humanos, el ensayo clínico ICONIC reveló que una dosis de 800 mg de CBD reduce los antojos y la activación del núcleo accumbens (centro de recompensa cerebral) en personas con trastorno por consumo de alcohol.

    Estudios complementarios en modelos animales muestran que el CBD protege al hígado contra daño inducido por el alcohol y reduce la muerte neuronal en contextos de consumo excesivo.

    Contradicción absurda: Por un lado, permitimos el acceso masivo al alcohol que mata decenas de miles y enferma a millones. Por otro, mantenemos en la clandestinidad a una planta que puede salvaguardar vidas y reducir daños.

    Esta contradicción no es solo científica, también es política y económica. La regulación del cannabis abriría oportunidades para el campo mexicano: el cáñamo industrial puede convertirse en cultivo rotativo ecológico y rentable para pequeños productores, al mismo tiempo que se diversifica la matriz agroindustrial del país, hoy dependiente de cultivos tradicionales.

    Desde las asociaciones cannabicas, promovemos una regulación que integre al cannabis en estrategias de reducción de daños, facilite su uso terapéutico, particularmente el CBD, en el tratamiento del alcoholismo, y detone desarrollo económico en regiones marginadas a través de la diversificación agrícola.

    El cannabis no es el elixir para todos los males, pero sí es parte de la solución: una solución informada, moderna, humana y económicamente viable. Mientras el alcohol sigue socializado, letal y normalizado, mantener al cannabis en la ilegalidad no solo es injustificable: es una negligencia que pone en riesgo la salud pública y frena el desarrollo rural.

    Es hora de actuar con claridad: regular el cannabis es un acto de justicia social y salud pública. No más rodeos: la legislación debe ponerse al día con la ciencia, y con la sociedad que la demanda.

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