Todo indica que el senador Adán Augusto López Hernández optó por resistir la tormenta que se le vino encima desde que se supo que quien fue su secretario de Seguridad, cuando gobernaba Tabasco, se encuentra prófugo y lo señalan como líder de la banda criminal de La Barredora.
Hernán Bermúdez acopió una enorme experiencia en tareas policiales, trabajó con diversos gobiernos y eso lo llevó a las posiciones más elevadas.
Como otros mandos, Bermúdez, de acuerdo con los señalamientos hasta ahora conocidos, no solo pactó con los criminales, sino que presuntamente se convirtió en la pieza central de un enjuague en el que se mezclaron el tráfico de personas, la extorsión y el control de los mercados ilegales en Tabasco.
El golpe para López Hernández es fuerte porque se potenció en la narrativa, construida por su propio partido, de que los titulares de los poderes ejecutivos tienen que saber del comportamiento de sus altos subordinados.
Esto es, así como el presidente Felipe Calderón tenía que estar al corriente de las andanzas de Genaro García Luna, el gobernador tabasqueño debería conocer los malos pasos en los que andaba Bermúdez.
Las cosas son más complicadas, por supuesto, pero las percepciones, y sobre todo las negativas, terminan arraigando en la incertidumbre.
Otra de las características de la crisis que enfrenta López Hernández, es que no proviene del ámbito externo, no fue desatada por denuncias opositoras, ni por agencias extranjeras, sino por indagatorias puntuales realizadas por la fiscalía del estado y alentadas por el actual gobernador Javier May en contra del propio Bermúdez y cuyas ondas expansivas llegaron hasta el actual coordinador de Morena en el Senado.
Durante los últimos días se especuló sobre el futuro de quien también fungió como secretario de Gobernación en la administración pasada y una de las hipótesis era que podría hacerse a un lado del liderazgo senatorial.
Nada indica que esto ocurrirá, sobre todo porque nadie que pueda se lo ha pedido. Inclusive, en la reunión de Morena de este domingo, recibió un espaldarazo, tibio, es verdad, pero con eso alcanza en estos momentos.
López Hernández y su partido asumirán el costo político que se desprenda de esa determinación. Si es mucho o poco se irá sabiendo en función de lo que ocurra en las investigaciones sobre Bermúdez.
Pero López Hernández está tocado y será difícil que se recupere. Sus bonos no son los mismos que hace apenas unos meses, y su margen de acción se reducirá.
Quizá por estas consideraciones, el senador ha dejado muy claro que él se dedica a la operación política y a las tareas que le encargan, entre ellas las de mantener la mayoría calificada que hace posible que se aprueben las iniciativas de la 4T.
En efecto, le deben los acuerdos, más que cuestionables, que dieron paso a la reforma del poder judicial y no se quieren arriesgar a que cambien los números antes de las iniciativas electorales.
Aunque ya no haya aplauso, se mantienen todos los incentivos del caso, porque nadie sabe de los recursos, trucos y magias que puedan requerirse en los próximos meses.
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