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    Por Juan Carlos Cruz Tapia*

    Durante décadas, nos vendieron un guión que parecía escrito en roca: estudiar, conseguir un empleo seguro, trabajar cuarenta años y, finalmente, recibir una pensión a los 65. Ese modelo no solo estructuró carreras, sino que definió el éxito de generaciones enteras. Pero hoy, las reglas del juego han cambiado y los jóvenes se encuentran reescribiendo ese guión. A raíz de la columna “Movimiento FIRE: Un análisis realista a la independencia financiera”, recibí numerosos mensajes con una inquietud que se repetía como un eco: el miedo a que la libertad financiera sea un lujo inalcanzable. Sin embargo, leyendo entre líneas, descubrí algo más profundo.

    El espejo de Aristóteles: el deja vú generacional.

    Es común caminar por los pasillos de cualquier corporativo y escuchar un susurro familiar: “A esta nueva generación le falta compromiso”. Es una narrativa seductora, pero carece de originalidad. De hecho, es una de las afirmaciones más antiguas de la humanidad.

    Corría el año 350 a.C. cuando un frustrado Aristóteles plasmaba en papiro algo que fácilmente hoy podríamos encontrar en un hilo de LinkedIn. Expresaba su pesar sobre los jóvenes que “creen saberlo todo”, describiéndolos como seres volubles, de deseos violentos pero fugaces, y carentes de cualquier rastro de autocontrol. Para el filósofo, la juventud de Atenas ya estaba “perdida”. Esta escena se ha repetido en un bucle infinito, los Baby Boomers miraron con escepticismo a la Generación X. La Generación X, a su vez, cuestionó la necesidad de propósito y flexibilidad de los Millennials. Y hoy, esos mismos Millennials observan con desconcierto el pragmatismo digital y los límites radicales de la Generación Centennial.

    La realidad, es que esto es el choque entre un mundo que ya no existe y uno que apenas estamos aprendiendo a liderar, una era transicional. Y, no es que los jóvenes no quieran trabajar; es que no desean pasar la vida entera en un sistema que no les permite trascender. Ellos no ven al éxito como una cifra en la cuenta bancaria, su visión es más integral, poder disfrutar de su vida y tiempo.

    Los centennials y late millennials, se incorporan a un mercado laboral con menor estabilidad, pensiones cada vez más inciertas y cambios constantes en las reglas del juego. Frente a ese escenario, la pregunta es inevitable: ¿Realmente queremos esperar a tener 65 años para empezar a vivir con tranquilidad? La respuesta corta es: No. Lo que las nuevas generaciones buscan es construir su propia estabilidad.

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    El retiro temprano: Más que una moda, una estrategia

    Si te dieran la oportunidad de hacer lo que te apasiona, trascender y estar financieramente seguro ¿la tomarías? Imagínalo como construir un puente mientras todavía tienes madera y energía. No se trata de huir del trabajo, sino de construir una estructura financiera que te permita cruzar al otro lado, donde el trabajo sea una elección y no un grillete.

    Sin embargo, hay un mito que debemos romper. En redes sociales, esto se vende como un Ferrari: rápido y reluciente. Pero en la realidad mexicana, es más bien un maratón de resistencia. No es lo mismo ahorrar en dólares con salarios de Silicon Valley, que invertir en un entorno de menores ingresos, informalidad y falta de infraestructura como el nuestro. Aunque, si debo darte una buena noticia, nuestra materia prima para materializar esto, somos nosotros mismos. 

    El retiro no es “no hacer nada”, es “hacer con sentido”

    Aquí es donde mi visión difiere del concepto tradicional, para los jóvenes de hoy, el retiro no es la hamaca ni la inactividad. Piénsalo así, el dinero es el combustible, no el destino. Una vez que logras llenar el tanque (capitalizar tus inversiones y cubrir tus necesidades básicas), el objetivo no es apagar el motor y estacionarte. El objetivo es que, como ya no tienes que preocuparte por “comprar la gasolina” cada día, ahora puedes decidir hacia dónde conducir y cuál será cada día el paisaje o lugar por conocer. ¿Irás a una playa, un bosque o una reunión con amigos?

    Para las nuevas generaciones, el éxito financiero es el medio que les permite escalar su impacto social. Buscan retirarse de la urgencia económica para entregarse a lo que les brinda relevancia. Es decir, seguir activos, creando y aportando, pero con un sentido de comunidad; permitiendo que la remuneración no sea el eje rector, porque esa batalla ya la ganaron y capitalizaron.

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    ¿Cómo aterrizamos esto?

    La independencia financiera no es una fecha en el calendario, es un proceso que se construye con tres pilares, el principal, un propósito. Hace algunas semanas, mientras entrevistaba a Diana Medina (Fundadora de BeYour) mencionó algo en su discurso que me dejó mucho eco. Un propósito, será aquello más alto que nosotros, lo que nos mantenga firmes cuando las cosas se ponen complicadas y creemos que la única salida es tirar la toalla.

    Segundo, un propósito sin acción es meramente una buena intención. Así que, tomar acción es fundamental si queremos lograr nuestro retiro acelerado. Capitalizar el talento radicará en usar tu etapa más productiva para generar múltiples fuentes de ingreso, así causar que el dinero trabaje mientras te enfocas en decisiones estratégicas. El objetivo es crear la materia prima para nuestras inversiones: los recursos. Tengo que decir que este paso no es rápido ni sencillo, pero si capitalizamos nuestras habilidades o pasiones, es más sencillo trazar un plan de trabajo a mediano plazo. 

    Como tercer paso, la disciplina es crucial. Generar sistemas y hábitos que nos permitan mantenernos en el camino, nos llevará a terminar esta carrera de resistencia. Debemos tomar en cuenta que los primeros años el crecimiento podría parecer lento, pero créeme, cuando los frutos de tus decisiones estratégicas empiezan a emerger, cambiarás tu rol de jugador de toda la cancha a director técnico. Y es ahí, donde todo cobrará sentido, empezarás a automatizar la caja registradora y alcanzarás tu retiro temprano.

    Para concluir este texto, quiero recalcar que planear hoy no es sinónimo de dejar de trabajar mañana, aunque sí garantiza algo mucho más valioso: la libertad de elegir. No estamos rechazando el esfuerzo; estamos optando por un sistema que nos ofrezca mejores condiciones de vida.

    Busquemos un retiro donde nuestra mayor riqueza no sea el saldo en la cuenta, sino el tiempo que podemos dedicar a transformar nuestra sociedad. Porque, al final del día, la verdadera inclusión financiera es que todos tengamos la oportunidad de decidir cómo, cuándo y por qué queremos servir a los demás. ¡Nos vemos en la siguiente entrega!

    Sobre el autor:

    *Juan Carlos Cruz Tapia es Fundador de la iniciativa México Financiero.

    @juancarlos.trader / @mexicofinancieromx

    Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

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