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    Asistir a un Mundial de futbol es una experiencia que cualquier fan quisiera vivir al menos una vez en la vida. Cada cuatro años, los aficionados hacen un esfuerzo importante para apoyar a su selección a donde se encuentre, haciendo uso de sus ahorros, pidiendo prestado o hasta vendiendo sus posesiones, todo con tal de vivir el ambiente mundialista, aunque no se cuente con entradas para el partido.

    Pero el Mundial se está volviendo una experiencia cada vez más premium y que no cualquiera puede costear. Un boleto para el partido inaugural en el Estadio Azteca tiene de por sí precios prohibitivos para la mayoría de la población, pero asistir al encuentro entre México y Sudáfrica en la zona de hospitality -que incluye asientos premium, oferta gastronómica, convivir con invitados VIP, entretenimiento y experiencias y licores de primera calidad- supera fácilmente los 320,000 pesos por persona (cerca de 18,431 dólares al tipo de cambio del 14 de marzo de 2026).

    Estas experiencias de lujo son organizadas por On Location, el proveedor oficial de la FIFA en servicios de hospitality y suites en las 16 sedes mundialistas. Según reportes de prensa, se espera que este programa le deje ganancias de 1,000 millones de dólares al organismo rector del balompié mundial.

    En Qatar 2022, los precios de hospitality iban de los 950 a los 5,000 dólares, dependiendo de la clase de servicio. Para esta edición, un pase de hospitality para estar en el partido España vs Uruguay, en Guadalajara, puede superar los 8,000 dólares.

    Desde hace tiempo el Mundial de futbol, el deporte más popular en el orbe, se ha vuelto un evento cada vez más exclusivo, pero la Copa Mundial de la FIFA de 2026 elevará el nivel de experiencia premium, aprovechando una tendencia global: el mercado de lujo ya no trata de tener posesiones, sino de coleccionar experiencias.

    Según estimaciones de Grand View Research, el mercado de turismo deportivo crecerá de 803,900 millones de dólares (mdd) a 2.7 billones (millones de millones) de dólares entre 2025 y 2033, esto es un crecimiento de 16% anual promedio. El futbol tiene una participación de 37.6% en el mercado global en 2025.

    Y la Copa Mundial de este año no solo será el evento deportivo más grande del planeta, también será una vitrina de una transformación más profunda en la industria turística: el paso de los destinos a las experiencias como eje del viaje.

    “Hoy el motivo del viaje ya no es únicamente el destino, sino las experiencias”, explica Carolina Trasviña, Client Services Director – Travel & Hospitality en another. “El deporte dejó de ser un complemento y se convirtió en un detonante para viajar”.

    En este nuevo paradigma, el partido es apenas una pieza dentro de un engranaje mucho más amplio. El Mundial activa una cadena de consumo que incluye gastronomía, entretenimiento, hospedaje y movilidad, redefiniendo la manera en que se construyen los viajes.

    “Los partidos son el detonador, pero el viaje se construye alrededor de todo lo que ocurre antes, durante y después”, explica Carolina Trasviña.

    Estancias y sedes múltiples, el factor premium

    Pero la experiencia no se limita solamente al estadio, sino también en las estancias, y eso se ve también en los costos de las habitaciones de hotel. McKinsey & Company prevé que el mercado de hotelería de lujo crezca de 239,000 mdd en 2023 a 391,000 mdd en 2030, debido a que la demanda de turismo y hostelería de lujo crecerá más rápido que la de cualquier otro sector.

    Este crecimiento se debe, apunta McKinsey, al marcado aumento del número de personas a nivel mundial con un patrimonio neto de entre un millón y 30 millones de dólares. Pero también es resultado de una amplia y creciente base de viajeros de lujo con un patrimonio neto de entre 100,000 y un millón de dólares, muchos de los cuales son jóvenes y están cada vez más dispuestos a invertir una mayor parte de su patrimonio en viajes de alta gama.

    Según datos de CBRE, la tarifa diaria promedio en hoteles de lujo y alta gama en México alcanzó 336 dólares durante 2025, con un aumento anual de 6.1%, impulsado por viajeros internacionales de mayor gasto.

    También hay un ’efecto Mundial’ que hace las tarifas de hospedaje más altas. La evolución de los precios de hoteles desde 350 días antes del Mundial hasta 147 días antes del inicio del evento muestra aumentos de hasta triple dígito. Por ejemplo, en Guadalajara los precios de algunos hoteles subieron 385%, según Lighthouse, una plataforma que analiza datos de la industria hotelera y turística.

    Mientras que, en Monterrey, la tarifa promedio en un día de partido es de 692 dólares, un 100% más que un día sin encuentro programado. Esto hace a Monterrey la cuarta sede mundialista más cara del torneo, sólo por detrás de Vancouver, Boston y Nueva York.

    Paradójicamente, los mayores incrementos porcentuales se concentran en ciudades con precios base más bajos, lo que refleja una presión de demanda más abrupta.

    Además, la particularidad de este Mundial es que se celebra en tres países, lo que permite itinerarios más complejos y experiencias multidestino. “Este formato abre la puerta a viajes multi-city (CDMX, Guadalajara y Monterrey; o Boston, Nueva York y Filadelfia), a moverse entre ciudades para vivir distintos partidos y experiencias”, explica Trasviña.

    El encarecimiento no se limita al hospedaje: el costo total de asistir al Mundial, entre vuelos, boletos y consumo, puede duplicarse en ciudades sede durante los partidos.

    Esto no solo eleva el gasto promedio por visitante, sino que redistribuye el valor a lo largo de múltiples industrias. Desde aerolíneas hasta restaurantes, pasando por agencias especializadas, todos capturan una parte del flujo económico.

    Si el Mundial de 2026 se perfila como una experiencia más costosa, gran parte de la explicación está en su principal sede: Estados Unidos. El país no solo concentra la mayoría de los partidos, también cuenta con uno de los mercados más desarrollados, y caros, en términos de entretenimiento deportivo. Por ejemplo, una suite de lujo para 34 personas para asistir al partido de Estados Unidos contra Paraguay el 12 de junio, cuesta hasta 170,000 dólares, cerca de 3 millones de pesos.

    Desde la NFL hasta la Fórmula 1, el mercado estadounidense ha construido un modelo donde la experiencia deportiva puede ser altamente premium, pero también segmentada. “Hay una gran amplitud de precios. Puedes encontrar opciones más accesibles o experiencias extremadamente caras dentro del mismo mercado”, señala Trasviña, de another.

    “Es una realidad no solo de la FIFA, sino también de las ligas en Estados Unidos y Europa: cada vez es más caro entrar a un estadio”, dice Amir Somoggi, director de Sports Value.

    Dos perfiles, un mismo evento

    El máximo torneo de la FIFA, que por primera vez contará con 48 selecciones repartidas en 16 sedes en tres países, concentrará perfiles de consumo muy distintos bajo un mismo paraguas. Por un lado, están los viajeros de alto poder adquisitivo: ejecutivos, empresarios o clientes corporativos que buscan experiencias completas, desde hospitalities hasta itinerarios personalizados.

    “Es un perfil que no solo quiere asistir al evento, sino optimizar toda la experiencia: comodidad, acceso, personalización”, explica Trasviña. Pero, por otro lado, también existe un segundo perfil igual de relevante: el viajero aspiracional. La imagen que evoca el turismo de lujo es la de viajeros con millones de dólares en su haber. Sin embargo, el 35% del mercado de viajes de lujo está compuesto actualmente por viajeros con un patrimonio neto de entre 100,000 y un millón de dólares.

    Además, las nuevas generaciones priorizan experiencias sobre bienes materiales, una tendencia que se ha acelerado en los últimos años. “El viajero de lujo no solo busca viajar más, sino vivir experiencias únicas. No es un fenómeno exclusivo del lujo, pero en este segmento se ve con más claridad porque tienen la capacidad de hacerlo con mayor frecuencia”, agrega la especialista.

    Un Mundial elitizado

    Amir Somoggi, director de Sports Value, recuerda que asistió a dos partidos en el Mundial de Brasil 2014 y las entradas costaban alrededor de 100 dólares, y en ese entonces ya se hablaba de que era un precio prohibitivo para la mayoría de los fans. La FIFA trata de que el torneo no sea inalcanzable para la mayoría de la población y puso a la venta boletos desde 60 dólares, que son de categoría 4. Eso costaría ver el partido de Brasil contra Escocia, pero las entradas que les siguen, categoría 3, dan un gran salto en precio: 265 dólares.

    “El Mundial de 2026 equivale a la suma de todos los mundiales anteriores en términos de matchday”, dice sin dudar Somoggi, especialista en marketing deportivo, y esto se debe a que los precios que se ofertan en Estados Unidos son muchísimo más altos que en cualquier otro mercado.

    “Es un Mundial elitizado y es un evento que está alejando a las personas de menor capacidad económica de los estadios”, afirma.

    Para Carolina Trasviña, el hecho de que un Mundial se vuelva una experiencia de lujo no significa que tenga que ser excluyente, sino que sea una opción más. “La idea es que el turismo no se vuelva homogeneizado, sino accesible para todo tipo de viajero”.

    En su evolución hacia una plataforma de experiencias premium, el Mundial de 2026 no solo redefine la forma en que se viaja o se consume el deporte, sino también quién puede hacerlo. Lo que durante décadas fue una celebración global, al que no podían asistir todos, pero sí era una vivencia más compartida, se está transformando en un producto segmentado, donde la cercanía al espectáculo depende cada vez más del poder adquisitivo.