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    Recientemente, un paciente acudió al hospital donde trabajo con una tos persistente. Su médico solicitó una tomografía computarizada —un tipo de imagen que genera cortes detallados del interior del cuerpo— para descartar neumonía u otra infección.

    El estudio descartó esas posibilidades, pero también reveló un hallazgo inesperado: acumulación de calcio en las paredes de las arterias coronarias. Ese hallazgo no tenía relación con la tos, pero apuntaba a un problema mucho más serio. Tras evaluar otros factores de riesgo, el paciente y su médico decidieron iniciar tratamiento para reducir el riesgo de un infarto.

    Casos como este son cada vez más frecuentes, y hoy los observo de manera distinta. Soy radiólogo cardiotorácico en la Universidad de Indiana. En la práctica, esto significa que utilizo imágenes para diagnosticar enfermedades del corazón y los pulmones. Mi trabajo consiste en responder la pregunta clínica que tengo enfrente.

    Pero cada estudio contiene mucha más información de la que se solicita, y la mayor parte nunca se reporta. No se trata de una falla individual de los radiólogos; es una brecha inherente a la forma en que la medicina procesa los datos de imagen. Reducir esa brecha podría tener un impacto considerable en los pacientes.

    Datos a la vista

    Una sola tomografía de tórax produce cientos de imágenes en corte transversal. En ellas, un ojo entrenado —o algoritmos cada vez más avanzados— puede detectar calcio en las arterias coronarias, evaluar el estado de los músculos a lo largo de la columna, estimar la densidad ósea e identificar cambios tempranos en el hígado. Nada de esto requiere estudios adicionales, radiación extra ni nuevas citas. La información ya está disponible.

    Este es el principio del cribado oportunista: aprovechar estudios realizados con un propósito para identificar otros riesgos de salud al mismo tiempo.

    Calcio coronario

    El calcio coronario, o CAC, es probablemente el mejor ejemplo de lo que el cribado oportunista puede lograr. Cuando el calcio se acumula en las paredes de las arterias coronarias, refleja la presencia de aterosclerosis, el proceso que está detrás de la mayoría de los infartos. La medición del CAC es uno de los predictores más sólidos de eventos cardíacos futuros y aporta información adicional a la de los modelos de riesgo tradicionales.

    Las tomografías cardíacas dedicadas pueden medir este calcio con precisión. También puede hacerse con una tomografía estándar de detección de cáncer de pulmón, si alguien se toma el tiempo de analizarla. Estudios han mostrado que las mediciones de calcio en estos estudios coinciden estrechamente con las de exploraciones cardíacas específicas, lo que confirma que la información está presente incluso cuando la imagen no fue diseñada para evaluar el corazón.

    Esto es relevante porque cada año se realizan en Estados Unidos alrededor de 19 millones de tomografías de tórax no cardíacas. Todas ellas atraviesan el corazón. La presencia de calcio es visible en las imágenes, pero los estudios muestran que, cuando está presente, los radiólogos lo reportan en menos de la mitad de los casos.

    La relación funciona en ambos sentidos. En una investigación de mi equipo en la Universidad de Indiana, que analizó a cerca de 15,000 pacientes sometidos a estudios específicos de calcio coronario, aproximadamente uno de cada cuatro era potencialmente elegible para cribado de cáncer de pulmón, pero menos del 11% había sido examinado. Existe una superposición significativa entre pacientes en riesgo de enfermedad cardiovascular y aquellos en riesgo de cáncer de pulmón, y actualmente la medicina no está haciendo lo suficiente por ninguno de los dos grupos.

    La magnitud de esta oportunidad perdida se vuelve más evidente al analizar el National Lung Screening Trial, el estudio que estableció la tomografía de baja dosis como herramienta eficaz para detectar cáncer de pulmón. Entre los participantes, la causa más común de muerte no fue el cáncer de pulmón, sino la enfermedad cardiovascular. Murieron más personas por infartos que por el cáncer que el estudio buscaba detectar.

    Cuando pacientes de alto riesgo ya se están sometiendo a estos estudios, resulta difícil ignorar si se debería aprovechar mejor la información que contienen.

    Otros hallazgos relevantes

    El calcio coronario es la prueba de concepto, pero no es el único hallazgo que permanece oculto en estas imágenes.

    Las tomografías pueden medir la pérdida de masa muscular —una condición conocida como sarcopenia— y los pacientes con baja masa muscular presentan consistentemente mayores tasas de complicaciones postoperatorias y mortalidad. La densidad ósea medida por tomografía permite predecir fracturas relacionadas con osteoporosis, y la grasa hepática visible en estas imágenes puede señalar enfermedad metabólica temprana antes de que aparezcan síntomas. Todos estos hallazgos están presentes en estudios que ya se realizan, prácticamente sin costo adicional.

    El objetivo no es convertir cada informe radiológico en una evaluación integral del estado de salud del paciente. Se trata de identificar hallazgos medibles que apunten a condiciones tratables y asegurar que esa información llegue a quien pueda actuar en consecuencia.

    Alcanzar ese objetivo no es sencillo. Los protocolos de tomografía varían entre instituciones, y la precisión de las mediciones depende de cómo se realizó el estudio. Los informes radiológicos suelen redactarse en lenguaje libre, en lugar de campos estructurados, lo que dificulta su análisis sistemático. Y extraer los datos es solo parte del problema: utilizarlos de manera que modifiquen la atención médica requiere coordinación entre radiología, cardiología y atención primaria, algo que la mayoría de los sistemas de salud aún no ha desarrollado.

    La inteligencia artificial empieza a ofrecer soluciones. Herramientas automatizadas ya pueden medir densidad ósea, masa muscular, grasa corporal y calcio coronario a partir de estudios rutinarios con precisión razonable. Un estudio publicado en marzo de 2026 encontró que el análisis mediante IA de mamografías de rutina puede identificar depósitos de calcio en arterias mamarias que predicen infartos y accidentes cerebrovasculares en mujeres. A medida que estas herramientas se integren en la práctica cotidiana, la posibilidad de que un estudio responda la pregunta inicial y, además, detecte otros riesgos relevantes, dejará de ser aspiracional para convertirse en un objetivo alcanzable a corto plazo.

    Qué pueden hacer los pacientes

    Existen medidas prácticas que los pacientes pueden tomar mientras los sistemas de salud se adaptan a estos avances.

    Si se somete a un estudio de imagen por cualquier motivo, vale la pena preguntar a su médico si se identificó algún otro hallazgo relevante para su salud general. Esa pregunta no siempre recibe una respuesta completa, pero abrirla permite acceder a información que de otro modo quedaría sin explorar.

    Si tiene entre 50 y 80 años y un historial significativo de tabaquismo, podría ser elegible para un cribado anual de cáncer de pulmón mediante tomografía de baja dosis. Actualmente, solo uno de cada cinco pacientes elegibles se somete a este tipo de evaluación. Si no lo ha discutido con su médico, es recomendable hacerlo. Los cánceres detectados de forma temprana tienen muchas más probabilidades de curarse, y existe evidencia de que el mismo estudio puede revelar riesgos cardiovasculares relevantes.

    El mecánico que cambia el aceite de su automóvil y le advierte que las pastillas de freno están desgastadas no se está excediendo. Está haciendo lo que se espera de un profesional atento y competente. El cribado oportunista plantea si la radiología puede desempeñar ese mismo papel: no de forma ocasional o fortuita, sino de manera sistemática y a gran escala. Los datos ya están disponibles. Lo único que falta es la voluntad de utilizarlos.

    *Peter Gunderman es profesor clínico adjunto de Radiología y Ciencias de la Imagen en la Universidad de Indiana.

    Este texto fue publicado originalmente en The Conversation.

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